domingo, 16 de septiembre de 2012

My huckleberry friend


Johnny Mercer, 1909-1976
Mientras escribo, empieza a sonar, en la voz de Sinatra, Laura, composición de David Raksin para la película del mismo título, a la que puso letra Johnny Mercer en 1945… Laura is the face in the mysty light… Amo la llamada música popular norteamericana del siglo XX, pero reconozco que no he sido nunca de los que indagan demasiado en el origen de las canciones que yo mismo repito en un idioma completamente inventado, donde vagamente suena aquí o allá alguna palabra en inglés y, a veces -raras veces-, todo un verso literal. Soy capaz de relacionar varias de esas inmortales melodías con el nombre de sus compositores, sobre todo Gershwin o Cole Porter, y más allá de eso sólo me muevo con familiaridad entre las voces de quienes las interpretaron: Frank Sinatra en primer lugar, claro, y Fred Astaire, Nat "King" Cole, Bing Crosby, Ella Fitzgerald, Judy Garland, Dean Martin, Sharah Vaughan, Tony Benett, Lena Horne, Rosemary Clooney... En fin, la lista es larga, y conocida. Nada sabía, pues, de Johnny Mercer hasta hace poco, salvo que su nombre estaba asociado al de Harold Arden en la autoría del mítico tema One for my baby, que Sinatra elevo a la cima de las llamadas song bar, pero que Arden y Mercer no escribieron para él, sino para que fuera interpretada por Fred Astaire en una película titulada El límite es el cielo (The Sky’s the Limit, 1943): Ah, la escena es digna de ver, créanme -llega hasta el minuto 5,48-: Astaire, dicen, era el intérprete favorito de Mercer, y sólo un tipo con un absoluto dominio del ritmo y de su propio cuerpo podía moverse con tanta rabia y, a un tiempo, tan virtuosa delicadeza sobre la barra de un bar (un bar mucho más elegante que el Loser, por cierto):



Hace un par de meses tuve la oportunidad de ver un documental sobre la vida de Johnny Mercer presentado por Clint Eastwood, The Dream’s on Me, y quedé fascinado tanto por una carrera empedrada de letras memorables como por una vida a la altura de las mismas. Porque Mercer fue, fundamentalmente, letrista: hijo de una acomodada familia del profundo sur, quizá habría podido dedicarse a la literatura de no haber mediado una temprana pasión por la música; poemas son sus canciones, en cualquier caso, más de 1.500, y en ellas encontramos esa impronta típicamente sureña de autores como Faulkner, Capote, Tennessee Williams, Flannery O’Connor o Harper Lee. Es fácil entender que el lugar que ocupan todas estas canciones en la cultura popular norteamericana se debe en buena parte a las letras, pero al español medio siempre se le escapará la historia que contienen, o al menos una buena parte de ella y sin duda el sentido exacto de muchos de sus versos. Incluso teniendo un aceptable nivel de inglés, hay brillantes juegos de palabras que no son sencillos de captar, y en las traducciones se pierde la rima, que juega un papel no menor en el original de estas canciones, e incluso, buscando una traducción que vaya más al significado y menos a la literalidad, se perderá igualmente el ritmo musical que imprime la métrica.

Supe, pues, que Mercer alcanzó éxito y prestigio en los años treinta y cuarenta, en Broadway y sobre todo en Hollywood; que ya era casi una leyenda en los cincuenta, precisamente cuando su estrella parecía que podía ir apagándose como consecuencia de la introducción en la música americana de nuevos ritmos cuyos consumidores naturales pedían unas letras menos sofisticadas; y supe, en fin, que a comienzos de los años sesenta en su camino vino a cruzarse providencialmente el de Henry Mancini: de ese encuentro surgieron, entre otras canciones, Moon River, Days of Wine and Roses y Charade, ganando su tercer y cuarto Oscar con las dos primeras.

Y es un verso de Moon River, precisamente, el que justifica todo este texto, que pretendía ser mucho más breve de lo que ha resultado al final: prometo que mi idea era haber hecho una simple introducción a este otro texto al que deseo conducir a todos cuantos pasen por el Loser. Lo encontré casualmente en una página llamada SINERIS, Revista de Musicología. En él se cuenta, y de manera brillante, la historia que hay detrás de uno de mis versos favoritos de todos cuantos han dado forma a una canción, cualquier canción, y que siempre, siempre, consigue emocionarme, la cante y quien la cante: ... my Huckleberry friend. Y es que se dice que Audrey Hepburn, para quien Mancini había compuesto expresamente la canción, no acababa de estar convencida de cuál pudiera ser el significado real de ese juego de palabras: ‘huckleberry’ es arándano: ¿El amigo arándano?, ¿El amigo de los arándanos?... Sí, sí, era evidente la identificación con el Huckleberry Finn de Mark Twain, y que eso sugería ciertas imágenes y cierta manera de entender la amistad y todo eso, pero ella, la dulce Audrey..., en fin, que no acaba de estar cómoda con aquel juego de palabras. Es entonces cuando Mercer, según este texto, le dio una larga y magnífica explicación.... Invito a todos a abrir esa trampilla que hay tras la barra del Loser y recorrer el pasadizo que conduce a esta historia que llevo semanas leyéndole a todo aquel que quiere prestarme oídos: Acompáñenme por AQUÍ.



Nunca nadie ha cantado Moon River como Audrey Hepburn, sin duda, pero he querido traer hasta el escenario del Loser no la justamente célebre y admirada escena de Desayuno con diamantes, sino una versión menos conocida y, a mi juicio, tan emotiva. No en vano se trata de Judy Garland, con quien Mercer mantuvo un intenso y breve romance en 1941, cuando él estaba casado y ella, con 19 años, era aún poco menos que la adolescente de América (y estaba además a punto de contraer matrimonio). Dice el biógrafo de Mercer que los sentimientos hacia ella nunca desaparecieron del todo, y que incluso pueden rastrearse en varias de las letras de sus canciones. En esta grabación de 1963, para su show de televisión, nos encontramos a esa Judy Garland que había atravesado por las más penosas crisis emocionales, que había luchado contra la desolación y las adicciones. En su rostro, donde aún no han desaparecido del todo los cándidos rasgos de la Dorothy-Dorita de El mago de Oz o de la tantas veces compañera juvenil de Mickey Rooney, se puede apreciar también la huella de todas las pesadumbres vividas. Judy murió seis años más tarde, con tan sólo 47.


19 comentarios:

Myra dijo...

No sabes lo que he disfrutado leyendo tu entrada, Juan. Me pasa como a ti cada vez que escucho esa frade de la canción, siempre me recordaba a la obra de Twain sin conocer esa historia tan bonita que relata Mercier y a la que me has llevado a través de tu Loser.
Preciosa historia.
Me encanta esa versión de la Garland. Qué voz tan maravillosa la de esta mujer.

Un lujazo de entrada. Gracias por compartirla.

Un beso.

Laura Uve dijo...

Estupenda entrada. Laura de Frank Sinatra... me gusta, claro.

Esa historia sobre el título, los arándanos, los amigos... preciosa.

La versión de Judy Garland, una delicia.

Abrazo!!

J.C.Alonso dijo...

Amigo, Juan. Primero mea culpa in mondo bizzaro cibernético. Soy un montaraz de bloguerworld. Resuelto “el affaire post”(cuando quieras te pasas). No hay nada como las sobrinas en las tardes de domingo buscando la cartera del tío JuanCar y las papeleras de Gmail. En fin, ellas son el futuro del pangea “www”. Inmenso, dulce, genial y con mucho bep bop de fondo. No muy tarde, te daré una alegría por lo de D. Raksin. J. Mercer, niño prodigio y sus buenas amistades: Porter, Mancini, etc. Y mi anfetamínica favorita; Miss Judy Garland. Qué buena y curranta era la tía. Se dejaba la piel. Ya lo decían los Dr. Feelgood (algo más gamberros). De tus letras, no voy a decirte nada más porque son alisios en una plácida tarde de septiembre cuando cae el sol. Y en fin, qué pasa el tiempo y se nos ha hecho de noche. Qué Hermoso es pasar por el Loser, uno, se envuelve en hermosura palentina.

abril en paris dijo...

Por ahí deambulamos todos..igualmente mis gustos se asemejan a los tuyos y me siento muy identificada con lo que nos cuentas y no es la primera vez.

Siendo como soy "parisina" de corazón, de ese Paris soñado, idealizado pero no vivido mi hígado es norteamericano. La música y el cine tienen la culpa. Claro que bien pensado resulta que el ritmo, el sentimiento , las notas de una melodia, de un blues, balada, jazz swing o soul son tan universales que ya no me atrevo a ponerle etiquetas ni mucho menos fronteras como esa referencia que todos entendemos desde lo más hondo " los amigos de los arándanos"..
¡Preciosa entrada Juan !
Esa barra tuya en el Loser siempre nos lleva a otros espacios encantandos.

Un beso

P.d. Me voy embriagada..no sé si más del cóctel o de tus palabras

2P.D. Desayuno con diamantes nunca hubiera sido lo mismo sin ese momento en la ventana..

Ann@ Genovés dijo...

A mí me sucede lo mismo: canturreo canciones en un spanglish que sólo yo comprendo… Aunque, en ocasiones, me sorprende la facilidad con que las entiendo. Debe ser, de tanto escucharlas.
Los títulos, como si fueran diáfanos y trasparentes. Los intérpretes, es distinto, a ellos sí los recuerdo.

Con respecto a Astaire, siempre lo he considerado un Blandiblú con alma de ángel. Me pirra verle danzar como si llevara punteras de ballet, como si se deslizara por el suelo sin apenas hacer ruido.
Las letras de Mercer son magníficas, como bien dices: era un poeta, y de los buenos.

La versión de Garland, pese a ser acérrima de Audrey, debo reconocer que es muy emotiva, máxime si conoces un poco de su vida: dura como el diamante. Tuvo dinero pero se lo ganó, pese a todos los peros que de ella se digan. Un abrazo,

Ann@


José Luis Martínez Clares dijo...

Amigo Juan: yo también tenía esos amigos y también quizá escribo por lo que escribía Mercer. Este artículo, además de emocionarme, me ha regalado algunas respuestas, me ha puesto delante de ese espejo ante el que nunca tenemos tiempo para deternos. Lo he disfrutado tanto que, si alguien pretendiese liquidar este artículo, le diría que por encima de mi cadaver. Abrazos

V dijo...

Delicioso paseo. Ver a Astaire frente al barman, tomándoselo con calma, recordar a Flanery O`connor, esconjugar sabiamente música y emoción,cosa que a Mercer le encantaría.
Sobrecoge ver a Judy Garland sacando todavía petroleo aun estando ya rota.
Esas melodías, esas letras, ese swing es irrepetible. Y tu captas esamagia de manera formidable. No es tarea sencilla convocar en una misma reunión tanto talento. Twain estaría encantado. Enhorabuena. Saludos.

Francisco Machuca dijo...

Precioso texto,amigo,y mencionas todo a lo que yo soy sensible.Quizá me alargue más de lo necesario,pero me ha gustado mucho tu escrito.Holden,el personaje de El guardían en el centeno, necesita puntos de orientación. El protagonista quiere hallar una persona o una institución en la que apoyarse: la familia, el colegio, los profesores, los compañeros, la novia, el matrimonio o el anonimato en la sociedad. ¿Cómo termina? Con una depresión nerviosa, en una clínica psiquiátrica. Se ha descrito a Holden Caulfield como un sucesor moderno de Huckleberry Finn. Ambos héroes son jóvenes marginados, desarraigados y rebeldes en busca de su felicidad y ambos critican duramente a la sociedad. Pero hay una diferencia esencial entre los dos personajes: Huck escapa de la civilización dirigiéndose al Salvaje Oeste, mientras que Holden acaba internado en una clínica. Ésta es la historia de la novela: en la sociedad occidental de mitad del siglo XX ya no existen áreas no civilizadas en la que refugiarse si uno no encaja en la comunidad.Todo esto puede ser una canción y su estribillo Truman Capote y su Desayuno en Tiffany's.No tiene ya nada de la lírica gótica sureña de sus primeras obras.Aquí se coloca entre las celebridades de Nueva York.Atrevida en su día, puede que haya perdido su capacidad de impactar,pero su encanto no ha disminuido,con Audrey Hepburn incluída.Una brisa fresca del East River,de una época en la que algo así aún era posible.

Un fuerte abrazo

Juan Herrezuelo dijo...

MYRA: Cuando descubrí esta historia pensé en compartirla aquí, porque sé lo que significan estas canciones para muchos de nosotros, los que nos hemos ido haciendo “hucklebloguer friends”. La versión de Judy Garland, sencillamente, me estremece, sobre todo en su segunda mitad. Un beso.

LAURA UVE: Qué grande ese tema que lleva tu nombre, cantada o instrumental, con Sinatra o Parker. La letra, que al parecer constituía un problema que sólo Mercer supo resolver, ejemplifica todo eso que se pierde al buscarle una traducción:

Laura is the face in the mysty light
Footsteps that you hear down the hall
The laugh that’s floats on a summer night
That you can never quit recall…

Abrazos.

Juan Herrezuelo dijo...

J.C. ALONSO: ¡Hay tantos comentarios que se pierden en ese doble fondo de la red, delirio de prestidigitadores! Judy Garland se dejaba la piel pero le dolía que ésta no cubriera un rostro tan bello como el de sus compañeras de estudio Ava Gardner, Lana Turner o Elizabeth Taylor: el agotador esfuerzo que imponía la MGM y ese complejo la llevaron al lado oscuro (o eso dice la leyenda). Demasiado vulnerable, pero qué grande. Un saludo.

ABRIL: Y todo viene porque le puse a mi pequeña “Desayuno con diamantes”, sabiendo que no iba a entender todo-todo lo que allí sucede, pero confiando en que se dejara engatusar por las imágenes, la belleza, el romanticismo… Quedó fascinada. Al día siguiente se descargó en su aparatito la escena del Moon River y la aprendió en un día, pero de verdad, no el falso inglés que yo canto. Después vino el documental de Mercer y esa página con la historia de la amistad. Me alegro que os haya gustado. Si te gustan Judy y París, pásate por aquí: http://www.youtube.com/watch?v=cL1SEe81fcM
Besos

Juan Herrezuelo dijo...

AN@ GENOVÉS: Yo he llegado a perfeccionar un inglés de pega en “mis versiones” que he llegado a poner en duda a personas muy próximas a mí que hablan un perfecto inglés. He empezado a ver, después de muchos muchos años, las viejas películas de Astaire y Rogers, y ya “En alas de la danza” me ha devuelto a mi infancia, pero con una mayor capacidad para fascinarme por la compenetración absoluta de la pareja. Y qué peros ponerle a alguien como Judy, que simplemente no fue feliz a pesar de tener tanto talento.

J.L MARTINEZ CLARES: Confío en que no llegue la sangre al moon river, pero te agradezco enormemente tus palabras. Entiendo que el mérito del texto está en ese otro hacia el que abro un pasadizo, esa bella historia de amistad dela que por cierto no he podido encontrar la fuente: ¿realidad o ficción? Un abrazo

Juan Herrezuelo dijo...

V: Frente a la agilidad sobrehumana de Astaire (qué gran versión del One for my baby, ¿verdad?) , la patética fragilidad de una Judy capaz de emocionar de manera tan rotunda. Gracias siempre por tus palabras. Un abrazo.

FRANCISCO MACHUCA: Lo cierto es que la literatura americana está llena de esos personajes desarraigados y rebeldes, navegando el Misisipi o la Quinta Avenida. Holly Golightly- Lula Mae tiene más del Finn de Twain que del Caulfield de Salinger, y eso me la hace más simpática. Nunca me pareció un tipo simpático aquel Holden. Un fuerte abrazo.

abril en paris dijo...

¡Muchisimas gracias por el enlace ! Una versión tan sentida en la voz de Judy Garland es todo un regalo.
¡ Qué triste parece y qué hermosa al mismo tiempo!

Un beso Juan

Marián dijo...

Ni se imagina el gusto que me ha dado leerle a usted. Primero porque es evidente que es usted un escritor de verdad...y luego por toda esta documentación tan valiosa...¡qué maravilla¡ ¡Muchísimas gracias, es una entrada preciosa¡ (lo que se aprende aquí) y lo que se disfruta...Lo de Judy Garland, que no tenía ni idea de que existiera esa versión, me ha encantado...De verdad que no encuentro palabras para darle las gracias.

Raúl dijo...

Qué entrada más melodioas y más ilustrativa.
Lo he pasado en grande leyéndote y después me he dado el homenaje musical que nos regalas.

Beatriz dijo...

Hoy me siento glamourosa, me imagino en tu Loser sentada en un sillón de terciopelo rojo y en mi mano un Dry Martini, y en ese ambiente disfrutando de la sensualidad de una voz que fascina y hace más mágico el momento.
Creas siempre una atmósfera que seduce, que nos permite soñar,recordar imaginar. Que nos endulza el alma

Perdón... llega Joe "y sé que estás deseando cerrar de modo que gracias por el trago
y espero no haberte calentado los oídos con mi monserga"

Un abrazo amigo y gracias por el buen momento

P/D: por motivos personales estoy un poco alejada de estos rincones, pero iré asomándome a tu ventana siempre que pueda. Es casi una necesidad leerte

Juan Herrezuelo dijo...

MARIAN: A gracias a ti por tu entusiasmo. Comparto cuanto dices de la versión de Judy Garland, que no conocía hasta hace poco. Suelo visitar, sin dejar huella, ese sugerente Nada te digo… Volví a emocionarme con ese diálogo de Los profesionales... Nos quedamos porque tenemos fe…
Saludos.

RAÚL: Ah, estas fiestas entre amigos, en las que el más lanzado se sube a la barra a mover los pies y la chica de la cara triste nos sorprende con una voz llena de nostalgias…

BEATRIZ: Desde tu primera visita me hiciste notar que habías captado a la perfección ese ambiente que he pretendido crear aquí: así te convertiste en una visitante esperada y querida, y basta haber cambiado tu foto para que seas como otra y la misma. Te agradezco cada minuto que permaneces en el Loser. También a mí me es más difícil hoy que hace unos meses asomarme a este y otros espacios. Un fuerte abrazo.

Marcos Callau dijo...

Por favro, ¡qué maravilla! Moon River, una de las mejores composiciones del siglo XX y el momento Audrey es uno de los momentazos de Hollywood. Me ha encantado conocer la explicación que Johnny Mercer dió a Audrey sobre sus Huckleberry friends. Evidentemente, al escuchar Moon river, todos identificamos esa frase con Huckleberry Finn pero después de leer la explicación prodigiosa de Mercer, aún me gusta más la escena de "Desayuno con diamantes" y la canción que como nadie cantó Audrey y como nadie cantó también Sinatra. Judy hace una versión muy decente, la verdad, aunque cambie sensiblemente la letra. ¿Ella sabría algo de los huckleberry friends?

Excelente artículo, Juan. Un abrazo.

Marcos Callau dijo...

Por cierto, comienzas hablanbdo de "Laura" y Frank Sinatra. Palabras mayores. Pocas composiciones superan la melodía de "Laura" y esa letra "the face in the misty light, footsteps that you hear down the hall. And you see Laura on a train that is passing through..." Maravilloso. sinatra la canta como nadie en el LP "Where are you?" (cancione spara solitarios, una vez más) Y también me ha encantado la escena de Fred Astaire con "One for my baby" Estoy preparando una entrada para el blog de Sinatra con esa escena y después Frank cantándola.