sábado, 5 de enero de 2013

Yuri Zhivago



Yuri Andreievich Zhivago, cuya imagen forma parte de la galería de perdedores que adorna las paredes del Loser, hubiera podido merecer también aquel pensamiento que Patxi Andión le dedicó a Federico García Lorca en una canción de los setenta: Tú poeta, y ellos tantos. Como Zhivago, igualmente hubiera podido merecerlo Boris Pastenak, el hombre que lo inventó como personaje de un libro y cuya vida al parecer estuvo trenzada con los mismos ideales, los mismos sinsabores, las mismas arrebatadas pasiones. Porque elegir entre ser o no libre es un lujo que el verso puede permitirse tan sólo desde el punto de vista de la métrica; como expresión de un sentimiento que a menudo está más allá de la consciencia del propio poeta, que el poeta rescata de sí a través de la palabra, tal elección no es posible: la libertad hace al verso, lo constituye. El verso es la libertad de ser verso. Un poeta vigilado, sometido, amordazado por el poder político experimenta la tortura de dentro hacia afuera, desde la raíz misma de su condición de ser humano hasta la última de sus terminaciones nerviosas.

                                                                                                (Foto: JFH)

Que yo no haya leído aún la novela de Pasternak se debe a que hace años adquirí una traducción muy poco apetecible, que además ni siquiera era del ruso original (se trata de una edición de 1966 comprada en librería de lance). No la he leído, es cierto, pero confieso mi absoluta fascinación por la película de David Lean, una fascinación que ha ido creciendo en cada una de las ocasiones que me he sumergido en sus imágenes y me he dejado invadir por su música. Y de las muchas cosas excelentes que contiene esta indudable obra de arte, siempre me sentí especialmente conmovido por la interpretación de Omar Sharif, un actor que tal vez no figure entre los -digamos- diez mejores que ha dado el cine, pero que logró, a mi juicio, convertirse plenamente en aquel médico y poeta batido por la doble tempestad de los avatares históricos y del amor. Yuri Zhivago es para mí los ojos de Omar Sharif, unos ojos que acumulan toda la tristeza de un hombre herido en su idealismo y en su sensibilidad poética, y desgarrado además entre dos mujeres, entre la dulzura y el deseo, entre la abnegación y el fuego; Zhivago es esa mirada líquida, enrojecida, atónita, capaz de iluminarse ante la minúscula e irrepetible estrella de un copo de nieve adherido al cristal de la ventana y de petrificarse en el horror de la sangre derramada, esa mirada clavada entre la nieve y el cielo, allá a lo lejos, donde el trineo en el que ella se ha ido para siempre es apenas un punto oscuro, ni siquiera eso ya, oh, Lara, Lara... Oh, Tonya... Perdidas las dos...

                                         (Foto: JFH)
La ciudad en la que vivo le tributó hace unas semanas un emotivo homenaje a Omar Sharif, haciéndole entrega del premio Almería Tierra de Cine, que anualmente se concede, en el marco del festival de cortos, a una personalidad del cine cuya carrera haya estado en algún momento vinculada a la provincia. Tres años antes de convertirse en Yuri Zhivago, Sharif fue Sherif Alí, un jefe tribal árabe que, acompañado por T. E. Lawrence, lanzó a los suyos al asalto de la ciudad jordana de Áqaba, en realidad un gran decorado construido en la playa almeriense de El Algarrobico, en Carboneras (hoy tristemente célebre a causa de un hotel que a nadie aloja ni nadie derriba, monumento fantasmal a la especulación y a la codicia). Es por este personaje de la imperecedera Lawrence de Arabia por el que se le homenajeó aquí, un papel que el actor egipcio valora por encima de cualquier otro que haya interpretado y al que debe el arranque de su carrera internacional. Ahora bien, yo quise buscar en sus ojos lo que quedara de aquel doctor Zhivago. Me mezclé discretamente entre quienes asistieron al descubrimiento de la estrella con su nombre que se ha colocado en una calle de la ciudad (a la manera, dicen, de un “paseo de la fama”) y traté de hacerle alguna fotografía aceptable. Antes, sentado a la mesa de un café, Sharif tuvo la gentileza de posar un instante para mi cámara. Le correspondí con un leve asentimiento de gratitud. Omar Sharif ha alcanzado una edad a la que no pudieron llegar ni Zhivago ni Pasternak, y sonríe más abiertamente de lo que sin duda lo hubieran hecho ellos a los ochenta y un años. Desde aquella película, sus ojos le han prestado la mirada a varias decenas de personajes diferentes -y se han concentrado en miles de partidas de bridge-, y en su humedad, la que es propia de los ojos de toda persona mayor, flota ahora la acumulación de tantos recuerdos y la lejanía de casi todos ellos, esos otros puntos en el horizonte. Posee una apostura en la que apenas se aprecia la fatiga, aunque sí esa clase la lentitud tan natural en la vejez y en la elegancia, de modo que resulta difícil pensar en él como en un anciano. Sonríe agradecido, se lleva la mano al pecho y a los labios, gesto que repite por la noche, durante la gala de inauguración del Festival, cuando le hacen entrega del premio.

                                                                      (Almería, 4/12/2012. Foto: JFH)

He vuelto a ver Doctor Zhivago: qué increíble emocionarse de nuevo casi en cada plano, ir reconociendo cada escena sabiendo cuál es la siguiente y seguirlas una tras otra como imantados por la belleza, porque hubo un tiempo en que el gran cine era esto, este ritmo, esta minuciosa dirección artística, esta música, esta fotografía, estos actores, este amor infinito por el arte de hacer películas, esta sensación tan pero tan gozosa que te queda cuando acaba y han pasado más de tres horas como en un suspiro.




17 comentarios:

abril en paris dijo...

Y de nuevo una maravillosa coincidencia. Es como si al leerte completase el ciclo de éste personaje, el actor y su apostura, la elegancia y dignidad que transmite.
¡Qué gran suerte la tuya encontrarte con él !
Puede que a él le guste más su trabajo en Lawrence de Arabia ( maravillosa música, excelente película)pero a mí el que me conmueve, y me hace emocionar hasta la lágrima ( y aquí percibo que te ocurre lo mismo)es Yuri Zhivago.
Nada más puedo añadir a tu excelente y sentido texto.
Suscribo cada palabra, Juan.

Es un cine que ni se hace ni olvidaremos mientras que exista una pantalla o un DVD.

Un abrazo

Myra dijo...

Yo suscribo tu maravillosa entrada y el comentario de Abril. Yo sí leí hace años el libro de Pasternak y me encantó. La película es de esas a las que necesito acudir de vez en cuando para volver a sentir y disfrutar del cine en todo su esplendor. A mí me parece una película preciosa con escenas, detalles que dicen y trasmiten tanto como esa casa helada, esos girasoles marchitos...
Qué maravillosa está Julie Christie, para mí su mejor papel. Lo mismo que GeraldineChaplin. y como no,Omar Sharif...Como tú dices, él es Yuri, nadie más podría ser Yuri Zhivago. Me ha encantado verle en esas fotografías tomadas por ti. Imagino cuánto disfrutaste viéndole. Yo creo que me habría embobado con su mirada tan profunda.

Te cuento una anécdota para que te hagas una idea de cúanto me gusta esta peli. Hace años, durante Las Fallas de Valencia, iba por la calle y me encontré a una amiga. Me preguntó si me iba a ver fallas y le dije.." no, me voy a casa corriendo que esta noche ponen en tv Doctor Zhivago". Me miró con una cara...Entonces solo habían dos cadenas, ya la había visto varias veces, pero no podía faltar a la cita con Lara, Yuri, Tonya...Ah, y la balalaika...

El tema de Lara siempre me emociona.

Un beso, Juan y disculpa que me haya extendido tanto.

José Luis Martínez Clares dijo...

Tampoco he leído la novela, pero quien haya visto la película de Lean, quien haya vibrado con cada plano igual que vibra la mirada de Zhivago con cada pérdida, no puede pensar algo diferente a lo que tú has escrito. Claro que escribir lo que tú has escrito como tú lo has escrito es otra historia. Y claro... ahora me voy a dormir pensando en Lara y en su tristeza. Un abrazo

Marcos Callau dijo...

Me encanta la introducción que has escrito en este artículo, amigo Juan. Decirte qeu, como tú, yo he visto la obra de Lean pero no he leído la novela. Algo que debo solucionar, claro está. Un fuerte abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

ABRIL: No es la primera vez que estoy junto a una leyenda de Hollywood, pero sí la primera que tenía a mano una cámara. Y sí, cuantas más veces caigo en la tentación de ver una película de ahora, más aprecio el valor de las clásicas.

MYRA: Me identifico plenamente con lo que cuentas: cuando sólo había dos cadenas, y no era fácil que una película pudiéramos volver a verla en mucho tiempo, no había nada más importante ese día, al menos para mí también.

J. L. MARTINEZ CLARES: Lara Antipova, con el rostro y los gestos de Julie Christie, es rotundamente irrepetible. Al parecer hay una versión para la tele con Keira Knightley, supongo que una triste Larissa todo huesos y morritos.

MARCOS CALLAU: Te confesaré una cosa: no ardo en deseos de leer la novela. No sé. Quizá el mal sabor de boca de las primeras páginas que leí en la traducción que tengo…


Abrazos…

J.C.Alonso dijo...

Juan, gran homenaje el que nos brindas. Por no decir, pedazo de regalo de reyes. Letras excelsas y rellenas de magisterio decimonónico; magnífico paralelismo. Nos has hablado de la novela de un grande. Por cierto, reprimido y vilipendiado— en aquel régimen horroroso de la extinta URSS—, el gran Boris Pasternak, escritor, traductor y poeta. Lo que le costó el Nobel, casi la vida. Y el colofón esa foto del mejor el actor africano vivo más importante de la historia del cine; el gran O. Sharif. Me cojo unos días de reparaciones personales y profesionales, pero estaré observante donde se cuece buena prosa. Un abrazo

Francisco Machuca dijo...

Sorprendente texto, amigo.Pasternak, Sharif, Lean y Juan Herrezuelo. El doctor Zhivago en Almería, pero con tiempo más cálido.Tú, como Lean, fotografiando a Sharif o Zhivago.Te he leído y tenía en la cabeza la banda sonora, sobre todo el tema de Lara. Sí, una historia épica de Pasternak o Lean en la inmensidad geográfica de la Rusia revolucionaria y que fue prohibida en la Unión Soviética desde su primera publicación en Italia hasta 1988.Mientras Pasternak era silenciado por los soviets, obtenía los aplausos extravagantes de Occidente y recibía el Premio Nobel de Literatura en 1958. Admiro tanto la obra literaria como la película. Uno de los rasgos más impresionantes de la historia es el paisaje ruso en sí ,que emerge con una vastedad maravillosa y una extraordinaria belleza. Es por este encuentro elegíaco con el vasto paisaje en el que transcurre este drama que El doctor Zhivago produce una sensación de felicidad extraordinaria y de falta de límites en las posibilidades históricas y humanas. Me satisface ver a Zhivago o Sharif tan feliz con una taza de café pala colmar estos fríos más apacibles, pero no exento de un invierno que se nos cae encima y que nada tiene que ver con lo meteorológico.

Un fuerte abrazo.

V dijo...

Yo me sumo a los que no han leido la novela. Serácuriso comprobar si efectivamente Lean hizo al verso libre, en este caso ala frase libre.
Sobre la película, que también hace que no veo, es un cine que hecho muchísimo de menos. Combinar el lirismo con el gran espectáculo, la poesía con el drama histórico no estáal alcance de cualquiera. Y aquí Lean lo borda.
No me había planteado nunca la posibilidad de que Yuri formase parte de la galería de loosers, pero está muy bien visto. Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

J. C. ALONSO: Si se lee una pequeña semblanza de Pasternak, es inevitable asociarla a la vida de Zhivago. Frente al libérrimo gesto de Sartre rechazando el Nobel en el 64, Pasternak hubo de hacerlo en el 58 obligado por la autoridades soviéticas, y ni así se libró de la denigración pública (se le consideraba peor que un cerdo, pues un cerdo, llegaron a decir, no caga donde come) ni de la persecución implacable que acabó costándole la vida en el 60.
Confío en que esas reparaciones vayan bien.

Juan Herrezuelo dijo...

F. MACHUCA: Querido amigo. Cuánto me agrada lo de "sorprendente". Creo que ambos aspiramos modestamente a eso en esta aventura, a sorprender a los que nos lean. Si fueran más los que nos leen, aspiraríamos a intentar movilizar a la gente contra los poderosos (yo desde luego trataría de hacerlo, y creo que tú también).
Por lo demás, el infierno soviético condenaba al silencio a los artistas disidentes, el infierno mercantilista en que arde nuestra sociedad actual condena al silencio a los artistas que no se ajustan a sus criterios de rentabilidad económica. Es la misma tiranía con distintas "caenas".
Respecto al invierno, donde vivo no ha habido tal; de hecho, ya ha
llegado la primavera. Y eso da mucho, pero mucho miedo.

Juan Herrezuelo dijo...

V: Desde el funeral de la madre de Yuri (rodado en Granada) hasta la escena en que la hija de Lara se echa la balalaika a la espalda (esa presa está en la provincia de Salamanca), Doctor Zhivago es una película absolutamente memorable. Recomiendo revisitar en You Tube la tertulia de “Qué grande es el cine” dedicada a ella, de hace ya muchos años. De hecho, recomiendo revisitar todas las tertulias de Garci: no ha habido ningún programa mejor sobre el cine en la televisión.

conchahuerta.com dijo...

Que buen homenaje a este gran actor que has tenido la oportunidad de conocer. El doctor zhivago es sin duda una de mis peliculas favoritas. Un saludo

Anna Genovés dijo...

El film “El Doctor Zhivago” es una magnífica adaptación de la novela de Pasternak, y, la interpretación del atractivo Sharif, inmejorable.

Me ha sucedido que, en algunas ocasiones -haciendo zapping-, la estaban pasando por uno u otro canal; y me ha sido imposible dejarla: siempre me atrapa. Me sucede con muchos clásicos.

Un post que bien merece aplausos, para ti y para el homenajeado. Un placer leerte.

Saludos, Ann@

Raúl dijo...

Yo comencé a enamorarme de Omar Sharif con la maravillosa, fastuosa y sencilla (sí, sencilla, como todo lo hermoso) película de Lean, y terminé de hacerlo con "El Sr. Ibrahim y las flores del Corán". Un proceso largo y maravilloso el de mi enamoramiento por este buen actor.

Molina De Tirso dijo...

Novela y película son dos experiencias diferentes y ninguna sustituye a la otra. He visto la peli un par de veces, en cuanto al libro, es el único junto a "Cien años de soledad" que he releido, no suelo hacerlo porque hay tanto y tan bueno que me está esperando... "El doctor..." a ti todavía te espera, tienes esa suerte, no importa que se conozca ya la historia, leer a Pasternak es una experiencia magnífica.

Sharif, maravilloso, claro. He visto "El sr. Ibrahim..." hace muy poco. Otra peli inolvidable en la que él volvió a brillar.

Darwin Bruno dijo...

Es una excelente obra de arte en toda su realización, la he visto varias veces. La novela por igual. Un gusto pasar por aquí y leer todo lo que escribes, muy interesante.Te envío un cordial saludo deseándote muchos éxitos.

Sacra dijo...

Es de esas películas a las que vuelvo de vez en cuando, nos pasa a todos.
Pero cuando leí la novela, otra vez descubrí que la novela rusa y el cine occidental, o anglosajón o como queramos definirlo, son difíciles de coincidir, de hecho a los rusos no les suele gustar la película de Lean, creo que hace no muchos años hicieron una versión de Zhivago pero no la he podido ver.
Es curioso que para los rusos esa historia tenga otra lectura, pero es legítimo.

Lean utilizó al personaje del hermanastro (otra vez echó mano de Guinness, maestro en las caracterizaciones e ideal para el papel) para contarnos la historia, y yo creo que está bien así.

Me quedo con la escena de la conversación entre Yevgraf y Yuri cuando el primero lo salva de ser linchado por el "comité vecinal"... pero utilizaré las palabras de la novela:

"¡Qué magistral operación quirúrgica! Echar mano del bisturí y sajar maravillosamente todos los viejos abcesos. Sin equívocos y con toda sencillez se liquida una injusticia secular..."