viernes, 23 de diciembre de 2016

El Mesías de Händel, la Palabra se hizo música


La Orquesta Ciudad de Almería, dirigida por el gran Michael Thomas, había interpretado ya en otras ocasiones El Mesías de Händel como concierto de Navidad, acompañado siempre no solo por el Coro de la OCAL sino por una pluralidad de coros de la provincia, pero hasta este año la suerte me había sido esquiva y no había podido asistir. Mi primer Mesías ha llegado, en cualquier caso, en el momento más oportuno, bajo circunstancias personales que cargaban la ocasión de una emotividad irrepetible, pues este 22 de diciembre de 2016 alguien muy próximo a mí, a quien quiero mucho, ha visto cumplido un sueño largamente acariciado: participar en la inmortal obra de Händel, ser una más de las voces que desde un coro, y junto con los instrumentistas de una orquesta, obran el prodigio de armonizarse para convertir en música sublime las palabras que para ella tanto significan; ser una voz más en esa voz de “una gran multitud” que el autor del Libro de las Revelaciones, o El Apocalipsis, dijo haber oído “como estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” (Ap. 19:6). Enhorabuena, Eva.

Desde luego, no hace falta ser creyente ni saber inglés para emocionarse con este oratorio, pero a través de ella, de Eva, sé que si al amor por la música clásica se le suman esas otras dos condiciones el resultado es una experiencia que trasciende lo corpóreo, que le añade nuevos sentidos a los sentidos conocidos y permite el acceso a dimensiones de espiritualidad que los demás, al menos por ahora, únicamente podemos tratar de imaginar y a veces, en breves destellos de intuición, rozar con la consciencia. Escribe el musicólogo Martín LLade que en la introducción a la primera edición de Messiah, posterior a la muerte de Georg Friedrich Händel, “se señala lo que puede ser el propósito del oratorio, recrear que «En Dios está todo el tesoro del conocimiento y la sabiduría». De modo que la fe en Cristo concede a quien escucha El Mesías la facultad de fundirse con la voluntad del compositor, quien en tan solo tres semanas de arrebatado, extenuante e inspiradísimo trabajo convirtió en música el libreto de Charles Jennens, una selección de textos del Antiguo y del Nuevo Testamento con un hilo argumental: el anuncio profético de la venida del Mesías, la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, el Juicio Final y la victoria sobre la Muerte y el Pecado.

Stefan Zweig incluyó la composición de El Mesías entre los Momentos estelares de la humanidad, esas pocas ocasiones, dice el escritor vienés en el prólogo de su libro, en que la Historia ve alterado el curso de trivialidades con que se desarrolla y concentra en un instante el equivalente a muchos acontecimientos, de la misma forma que la naturaleza concentra en la punta del pararrayos “la electricidad de toda la atmósfera”. Como una nación necesita engendrar millones de hombres y de mujeres para que nazca un genio, así “han de transcurrir millones de horas inútiles antes de que se produzca un momento estelar de la humanidad”; pero cuando aparecen -el genio y el momento estelar-, perduran en el tiempo y marcan un rumbo durante siglos.

Zweig lo explica así: en agosto de 1741, con 56 años, Georg Friedrich Händel se siente derrotado. Para asombro de los médicos, ha logrado recuperarse milagrosamente de una apoplejía que cuatro años antes le había dejado paralizada la mitad de su enorme cuerpo. Ha sido el anhelo de volver a componer lo que le ha dado energía a su voluntad de curarse. Una vez restablecido, había escrito tres óperas y dos oratorios, pero una serie de circunstancias ajenas a las obras mantuvieron los teatros vacíos. Es, pues, un hombre vencido y endeudado, y cae en un profundo desánimo creativo. El día 21 de ese mes de agosto recibe el libreto para otra obra, firmado por el autor de sus dos últimos oratorios. Händel lo toma como una afrenta, y ni siquiera lo abre. Se acuesta, pero no puede dormir. Al fin sale de la cama y acerca el candelabro a las hojas que ha recibido. El Mesías. Otro oratorio. Y lee las primeras palabras: Comfort ye my people, Consolad a mi pueblo. Y algo despierta en él, como en respuesta a una llamada; y en seguida va surgiendo la música en su mente, acompañando a las palabras que sigue leyendo conmovido y que anuncian al que ha de venir, según proclamaron los profetas: un fuego purificador, la luz que llega para iluminar a quienes habitaban en las sombras de la muerte. Y en el desprecio que sufre el Cordero de Dios por parte de los hombres está también el desprecio del que él mismo es objeto; y la Resurrección, ¿no es, de algún modo, su propia resurrección? “The Lord gave the Word”: el Señor le había concedido la palabra a Jennens, y a él le instaba a elevarla con su música, a extenderla por toda la Tierra, a eternizarla a través de la belleza…

Aquella misma noche empieza a trascribir la música en los pentagramas, y sigue haciéndolo a la mañana siguiente, y por la tarde, y en la mañana y la tarde de los días sucesivos, sin interrupción, ajeno a los acreedores que llaman a su puerta, a las solicitudes de cantantes, a las reales invitaciones, hasta que el 14 de septiembre da la obra por terminada. Acaba de ganar la inmortalidad. Un momento estelar ha brillado “sobre la noche de lo efímero”. El Mesías se estrena el 13 de abril del año siguiente, en Dublín, y el éxito es absoluto. Otro 13 de abril, el de 1737, Händel había sufrido el ataque de apoplejía, y el maestro querrá también morir un 13 de abril, en 1759, cuando, enfermo y ciego, después de dirigir por última vez su Messiah en Londres, como había hecho cada año por Pascua, y cada año destinando los ingresos a fines benéficos –no quiso ganar dinero con aquella obra-, se siente indispuesto y es conducido a su casa. Vivirá, sin embargo, hasta las primeras horas del día 14.

El eco de aquel lejano momento estelar en que nació una de las obras cumbres de la música volvió a resplandecer, solemne, excelso, enaltecedor, la noche del pasado día 22, en el Auditorio Maestro Padilla de Almería, bajo la dirección de Michael Thomas.

Y Eva cumplió su sueño de cantar El Mesías de Georg Friedrich Händel.


Más allá del Hallelujah”: "For unto us a Child is born" (Parte I). King's College, Cambridge Choir. Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Lleva sobre Él el poder de gobernar, y su nombre es: Maravilloso, Consejero, Dios Todopoderoso, Padre Eterno, Príncipe de la Paz (Isaías, 9:6)


FELIZ NAVIDAD

12 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Ah, amigo Juan, cómo me gustaría saber apreciar la música clásica, pero soy un inútil para ello. Sólo me emociono con algunos destellos en bandas sonoras de cine, en anuncios, sólo con esas pequeñas dosis perfectamente seleccionadas para sobresaltar al oyente en el momento requerido. Te envidio, amigo. Un abrazo

Juan Herrezuelo dijo...

JOSE LUIS MARTTINEZ CLARES: Las puertas para acceder a ciertos espacios de cultura pueden ser pequeñas y pueden también estar escondidas, pero lo que hay al otro lado es majestuoso. Pasa también con el jazz, que no gusta a muchos, y con el toreo, que qué te voy a contar. Esa puerta puede ser hallada por casualidad, tanteando. Mi hermana –Eva-, que tiene un año menos que yo, estudió en el Conservatorio y mi padre compró una colección de cien discos de música clásica y una pequeña enciclopedia de la historia de la música. Eso marca. Ahora me paso el día escuchando Radio Clásica, que hace una excelente labor de pedagogía. Un abrazo.

abril en paris dijo...

Una vez que la descubres la amas para siempre. Y si la disfrutas en directo se te abren las puertas del cielo.

Felicitaciones a Eva y a su hermano que maneja la palabra como si rasgara las cuerdas de una guitarra.

Un abrazo y mis mejores deseos para estas fiestas y que el año, que amenaza con ser duro, nos sea leve.

Juan Herrezuelo dijo...

ABRIL: Es exactamente así, querida Abril. Y ayuda a acercarse a esta música saber sobre el compositor, sobre las circunstancias de sus creaciones, sobre su significado. Martín Llade, a quien menciono aquí, acaba de publicar un libro disco con alguno de los relatos que cada mañana lee en su programa de Radio Clásica, Sinfonía de la mañana, y las obras musicales en que están basados. Es magnífico. Gracias por tus palabras y un gran abrazo navideño.

Melmoth el errabundo dijo...

Precioso texto, amigo Juan. Bach compuso su grandiosa obra para Dios y por eso nos eleva a todos. Luego Beethoven le quitó hierro al asunto y se puso a componer para el hombre y seguimos agradeciéndolo. La música es el estado más elevado del ser humano.

Feliz Navidad y un fuerte abrazo.

Horacio Beascochea dijo...

Gracias por la historia, no la conocía. Y por tu comentario en mi espacio. Cierta música es el mejor antídoto para los tiempos que corren.

Abrazo grande y los mejores deseos para el 2017.

ethan dijo...

De nuevo lugares comunes contigo, amigo. Hace ya unos años pude oír el "Aleluya" en el teatro de la Maestranza de Sevilla, entre las voces de aquel coro que se formó para el evento estaba la de mi madre...
Un abrazo y felices fiestas

Juan Herrezuelo dijo...

MELMOTH: Bach sigue siendo mi compositor favorito. Su obra es inabarcable. Beethoven es incendiario, y hay alguna de sus obras que anticipan una música que en su tiempo debía sonar muy extraña, de la misma forma que Velázquez anticipó en tres siglos el impresionismo con aquellos cuadros de Villa Médicis. La genialidad es anticipación. Y suscribo tu frase final sobre la música. Un abrazo navideño, amigo.

Juan Herrezuelo dijo...

HORACIO BEASCOCHEA: Ese matiz, “cierta” música, es un universo, porque la puramente ruidosa juega a favor del sistema y por tanto, también, es cómplice de “los tiempos que corren”. La llamada música clásica es un refugio para la mente. Abrazos y mis mejores deseos también para ti.

Juan Herrezuelo dijo...

ETHAN: entonces ya sabes cómo la música le llega a uno de una manera mucho más especial, si en el escenario está alguien próximo. Y qué no hubiera dado yo por ser parte de una de esas grandes obras de la música, tocando un instrumento, siendo parte, qué sé yo, de la Novena de Beethoven… Uf! O de este Mesías, en coro o en orquesta… Un abrazo y feliz año nuevo.

Setefilla Almenara J. dijo...

Si la música clásica es hermosa, la música sacra es la hermana mayor, se me ha erizado el vello escuchando la orquesta y el coro, amigo, extraordinaria obra, de la que es un gusto conocer como fue creada. Mi preferido es Chopin, pero hay tantas piezas indispensables. Mi enhorabuena a Eva, quien pudiera haber estado entre el público.
Qué tengas un feliz y prolífico año, Juan. Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

SETEFILLA: Mis mejores deseos también para ti en este año que acaba de empezar. Chopin logró hacer hablar al piano. Algo mágico. Entre la llamada música sacra hay obras que están sin duda entre los más excelso jamás creado por el hombre. Solo los Evangelios de mi adorado Bach ya justifican mi afirmación, pero sin salir del gran Johann Sebastian nada más oportuno que escuchar estos días su Oratorio de Navidad. Un abrazo.
https://www.youtube.com/watch?v=w07Lj8HYICc