domingo, 23 de octubre de 2011

Calígula: fragmento y aniversario

Albert Camus (1913-1960)

"CALÍGULA: Piensas que estoy loco, ¿no?

HELICÓN: Sabes muy bien que no pienso. Soy demasiado inteligente para hacerlo.

CALÍGULA: Ya. Bueno. El caso es que no estoy loco, y hasta te diré que nunca he estado tan cuerdo. Sencillamente, he sentido un anhelo imposible. (Una pausa) No me gusta cómo son las cosas.

HELICÓN: Es una opinión bastante extendida.

CALÍGULA: Cierto. Pero hasta ahora no lo sabía. Ahora lo sé. (Con la misma naturalidad.) No soporto este mundo. No me gusta tal como es. Por lo tanto, necesito la luna, o la felicidad, o la inmortalidad, algo que, por demencial que parezca, no sea de este mundo.

HELICÓN: El razonamiento tiene coherencia. Pero, en términos generales, no puede llevarse hasta sus últimas consecuencias.

CALÍGULA: (Levantándose, pero con la misma naturalidad.) Qué sabrás tú. Precisamente por no llevarlo hasta sus últimas consecuencias nunca se logra nada. Pero quizá baste con que sea lógico hasta el final. (Mira a HELICÓN.) También ahora sé lo que piensas. ¡Cuánto lío por la muerte de una mujer! No, no tiene nada que ver con ella. Creo recordar, es cierto, que hace unos días murió una mujer a la que yo amaba. Pero ¿qué es el amor? Poca cosa. Esta muerte no supone nada para mí, te lo juro; simplemente me indica una verdad, una verdad que me lleva desear la luna. Es una verdad sumamente clara y sencilla, y aunque sea un poco tonta, cuesta descubrirla y también sobrellevarla.

HELICÓN: ¿Cuál es esa verdad, Cayo?

CALÍGULA: (Mirando hacia otro lado, en tono neutro.) Los hombres mueren y no son felices". 


ALBERT CAMUS. CALÍGULA.  
(Traducción de Javier Albiñana, en Alianza Editorial)


Es una de las obras de teatro que más amo, y eso sin haberla visto nunca representada en un escenario: me bastó ver la versión que Jaime Azpilicueta dirigió para Televisión Española en 1971, emitida el 25 de octubre, hace pues cuarenta años, con un José María Rodero más allá de todo elogio. Este extraordinario drama (“tragedia de la inteligencia”, en palabras de su autor), una de las piezas fundamentales del teatro francés del siglo XX, fue estrenado en 1945 en el teatro Hébertot de París, siendo su primer protagonista Gerad Philipp. En España, José María Rodero (1922-1991), que ya la había representado unos años antes y por lo tanto había ido indagando en su personaje y había pulido cada uno de los casi infinitos matices de su actuación, hizo para televisión una de las más extraordinarias interpretaciones que yo recuerdo haberle visto a actor alguno. Volvió a interpretarla en 1982, en el teatro romano de Mérida, en ocasión también grabada y emitida por televisión.

No es ésta la primera ocasión en que declaro mi absoluta admiración por este actor, tan pobremente aprovechado en el cine, pero a quien he visto en soberbios papeles de teatro, cuando el teatro existía en televisión y, por lo tanto, según aquella máxima cruel, existía, sin más.

RTVE está recuperando en su página web algunos de aquellos maravillosos Estudio 1 que a muchos nos metió en las venas el veneno del teatro cuando éramos niños. Una de las obras que allí puede encontrarse es, precisamente, este Calígula de 1971. Vaya desde aquí mi más encendida invitación a buscar un hueco para verla.

 José María Rodero y Estanís González, Calígula, 1971 



Retrato de Albert Camus: Escolástico Fernández

27 comentarios:

Myra dijo...

Yo fui una de las niñas a las que aquellos maravillosos Estudio 1 le metió el veneno del teatro en las venas. Vi ese maravilloso Calígula, confieso que no he vuelto a ver otra versión, interpretado por el gran José María Rodero. Como también vi un Pigmalión que él mismo hizo junto a Marilina Ros. Cuánto me gustó esa obra...

Un beso

Emilio Calvo de Mora dijo...

También yo, a mis 45, debo amar ese teatro el que hablas. El otro, el que se paladea en una butaca, frente a un escenario, me ha dado momentos formidables en mi vida, pero siempre cae uno en la cuenta del primer hallazgo, de esa brizna de esplendor imprevisto (el primer esplendor, el imprevisto, es el que más cuesta modificar con la canalla mano de la memoria) que consistió en el teatro (bendito) de la antigua gloriosa rtve. No conozco este Calígula. Paso a buscarlo como pueda. Es la tarea del domingo, una de ellas. ¿Viste tú tu Clockwork orange el otro día? Un abrazo, amigo...

José Luis Martínez Clares dijo...

Juan: hablas de la tele y, quien no lo haya vivido personalmente, seguro que piensa que mientes. ¿Emitían cultura en la tele? Eso debemos contárselo a las nuevas generaciones. Un artículo magnífico. Coincido contigo... actor de los de antes, sí señor. Abrazos

abril en paris dijo...

¡ Qué magnifica idea esa de recrear y recordar el teatro en TVE.
Y qué magnifico actor..para mi el recuerdo viene de aquella Muerte de un viajante de Arthur Miller o Doce hombres sin piedad de R. Rose, pero creo que cuenta en su haber magnificas obras de teatro que en mi casa simpre oí comentar a mis padres y hermanas..
¿ Ese magnifico retrato es de tu padre ? ¿Me estás haciendo la "competencia"..? jaja
Es broma, me encanta que subas éstos estupendos dibujos.

Un beso Juan :-)

Horacio Beascochea dijo...

Gracias por compartirlo y pido disculpas por mi ignorancia, no conocía esa obra de Camus, dan muchas ganas de leerla.

Abrazo

Miguel Cobo dijo...

Para un chico de pueblo (y más de de un pueblo de la Andalucía profunda del franquismo) el único contacto con el teatro -además del teatro leído- era el que nos proporcionaba la única televisión existente en aquella época. Estudio 1 forma parte de los cimientos culturales de mi adolescencia (como lo fueron los cinemas paradisos, las novelas del oeste, los tebeos ...)y nos acercaron a las grandes obras de la dramaturgia universal, con una dignidad que ya intuíamos a pesar de nuestra juventud , con un elenco de actores y actrices inolvidables. José Mª Rodero era ciertamente impresionante, sobrecogedor (lo recuerdo en El concierto de San Ovidio de Buero, en Muerte de un viajante, en Doce hombres sin piedad...). El Calígula de Camus es intemporal y vale la pena rescatarlo en estos tiempos de tanta bazofia hertziana. Menos mal que la televisión a la carta que nos están proporcionando las nuevas tecnologías, hacen posible estos milagros con efectos retroactivos.

Magnífico como siempre, Juan. Un abrazo

Marcos Callau dijo...

Lamentablemente nunca e visto esa emisión de 1971 pero en Estudio1 siempre se han realizado obras magníficas como "Doce hombres sin piedad" o "La señorita de Trevelez". Guardo muy grato recuerdo del gran Jose Maria Rodero. Un abrazo, Juan.

Marisa dijo...

Estudio 1 hizo mucho por el teatro en aquella época. Actualmente, algunas de esas obras de teatro en blanco y negro, han sido editadas por el MEC (hace ya algún tiempo), en una colección de vídeos para acercarlas al mundo de los jóvenes, nuestros alumnos. Prefiero que lean el libro en cuestión, pero son malos tiempos para el teatro, así que de poder elegir, prefiero que vean esto a que no lean nada.

Gran película la que reseñas, Juan, sin duda. "Los hombres mueren y no son felices"... Estremecedora frase puesta en boca de Calígula.

Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

Amigos MYRA, EMILIO, JOSÉ LUIS, ABRIL, HORACIO, MIGUEL: amo el cine, la literatura, los toros… pero el teatro… el teatro es patrimonio del alma, y alma sólo es del dios que llevamos dentro. A una edad en que tenía restringida la tele a partir de cierta hora, me era permitido, sin embargo, ver Estudio 1, cosa que nunca agradeceré lo bastante a mis padres. Que el teatro haya desaparecido de televisión (salvo para emitir la entrega de los Max: nos pirran las alfombras rojas) da la medida exacta de en qué momento nos encontramos. José María Rodero era un actor de otra pasta –como Bódalo: ¡qué Doce hombres sin piedad!-. Había estudiado las expresiones de los ciegos (el de San Ovidio de Buero, el Max Estrella de Valle) al punto de diferenciar el movimiento de la cabeza en un ciego de nacimiento y un ciego sobrevenido: el primero la gira para apuntar con el oído, el segundo aún dirige la mirada muerta al foco del sonido. Reivindiquemos el teatro en la televisión: no vale lo mismo una serie de éstas.
(EMILIO: tengo reservada en la biblioteca la naranja de Kubrick: ¡qué sed hasta que caiga en mis manos!)
Un fuerte abrazo, amigos.

Juan Herrezuelo dijo...

MARISA: Siempre que voy a ver una obra de teatro -sobre todo si es clásico- procuro leer previamente la obra. Pero el texto se completa con la interpretación. No puedo leer el Calígula de Camus sin pensar en las inflexiones de Rodero, ni Arte de Yasmina Reza sin la voz de José María Pou, ni el Cyrano sin pensar en Galiana (y en Depardieu, of course). Abrazos.

Juan Herrezuelo dijo...

MARCOS: Qué bien que menciones "La señorita de Trevélez", de Arniches: otro gran reparto. El "Doce hombres sin piedad" de Estudio 1 fue mejor todavía que la película de Lumet, teniendo en cuenta que se grabó en mucho menos tiempo. Un abrazo, amigo.

Juan Herrezuelo dijo...

Por cierto, ABRIL: El retrato de Camus es, en efecto, de mi padre. Es uno de los tres que cuelgan en la pared de mi despacho. Fitzgerald, Cortázar y Camus: la admiradísima trinidad.

Miguel Sanfeliu dijo...

Excelente obra. La compré en DVD en cuanto empezaron a comercializar las míticas emisiones de Estudio 1. Pero le perdí la pista a la colección. Y jamás encontré "Doce hombres sin piedad", aunque la busqué con empeño durante una buena temporada.
Un abrazo.

Raúl dijo...

Aquella mítica propuesta que con Estudio 1 nos brindó TVE -el teatro en televisión- tan difícil, arriesgada como exitosa y a la postre recordada, es hoy uno de los primeros puntales de mi memoria narrativa

Juan Herrezuelo dijo...

MIGUEL, RAÚL: De nuevo compartimos pasión e influencia. Prefiere uno no darle vueltas al porqué cuando se diversificó la oferta televisiva, cuando los espectadores empezaron a decidir qué querían ver y que no, se empobreció la programación tan dramáticamente. (Yo no encontré "Calígula", que tenía grabada en VHS y pasé a DVD, pero sí "Doce hombres...", que me veo una vez al año. Es un regalo visitar esa sección de la página de RTVE). Abrazos

Mario dijo...

Tengo la obra de Camus y con tu escrito me despierta el deseo de leerlo más aún. Caligula en manos de Camus debe ser algo memorable. Ver el matiz intelectual que le otorga a éste ser corrupto. La obra de Camus es corta pero tiene el don del ingenio, de la originalidad en cada literatura, sus ideas políticas subyacen sin duda. Saludos.

Mario.

V dijo...

Fenomenal.Se da la circunstancia de que no solo el texto es magnífico, sino que le cayó en gracia a ese monstruo de la interpretación que siempre comenzaba a actuar mucho antes de decir una sola palabra. Con su sola presencia.Y para colmo estaba dotado de una voz prodigiosa, al igual que Bodalo.La obra es muy austera en escenografía, pero ello le favorece, ya que aquí lo que importa es el texto, la palabra y el rostro. Tu trinidad es incuestionable. Un saludo

Beatriz dijo...

Leyéndote uno recuerda, aprende y se emociona y se motiva con tus recomendaciones.
Un abrazo

mi nombre es alma dijo...

Los hombres mueren y no son felices. Y viven y tampoco lo son. La felicidad no reside en vida, quizás en la conciencia.


No he sido nunca amante de añorar lo que hemos dejado, pero en verdad que aquellos Estudio 1 nos introdujeron en el teatro y nos lo mostraron en épocas en las que poco más podiamos ver. Esta en concreto, incluso la recuerdo. Gran Rodero.

Juan Herrezuelo dijo...

Amigos MARIO, V, BEATRIZ, ALMA: Volví a verla anoche, subyugado de nuevo, pero con la aprensión de que muy probablemente exista ya toda una generación, o dos, que haya perdido la capacidad de disfrutar de una “interpretación teatral”, que no es ser natural, ni ser uno mismo, ni arrastrar la voz, sino un arte superior, un don. El texto de Camus es, ciertamente, sublime: explora en la arbitrariedad a la que conduce el poder absoluto y en el proceso autodestructivo que le es inherente. La austeridad del decorado era muy propia de aquellas grabaciones: toda atención se fijaba en el texto y en la manera de “decirlo”…

J. G. dijo...

cuanto homenaje con las imágenes, felicidades

Francisco Machuca dijo...

Magnífica obra.Camus,inolvidable,tanto como el olvidado Rodero un actor sin par.Entre Calígua y A puerta cerrada de Sartre,son de mis obras teatrales favoritas.Feliz coincidencia,estimado amigo.
Una cosa más.Me ha llenado de satisfacción este dibujo de tu padre y lo que mencionas de esos tres tenores de las letras universales que ostentan en tus paredes.

Por cierto,el otro día leí tu magnífico post en el blog de Marcos y me gustó tanto que me hiciste encender la llama de la nostalgia y me puse a escribir otra historia de Sinatra.Espero que te guste tanto como a mí me ha gustado tu excelente texto.

Un fuerte abrazo,amigo.

Juan Herrezuelo dijo...

FRANCISCO: Feliz pero en absoluto sorpendente coincidencia; son ya muchos los puntos en común que nos vamos reconociendo.
Gracias por lo que dices del retrato de mi padre, y respecto al texto de Sinatra, espero ya ansioso tu historia. Un fuerte abrazo.

Rochitas dijo...

amo a Camus desde que siendo muy pequeña me obligaron a leer
L ' étranger.

Juan Herrezuelo dijo...

ROCHITAS: Ay, La peste, también, que a pesar de todo leí tan tarde: “hay ciudades y países donde las gentes tienen, de cuando en cuando, la sospecha de que existe otra cosa”…
Es un amor que compartimos.

Isidre Monés dijo...

Ah! Camus, Camus.
Lo admiro desde que mi profesor de latin me afeó su lectura al verme con "La Peste" bajo el brazo.
Pero no fué este mi libro, sino "El Extranjero" junto a las narraciones cortas de Kafka, mi libro de cabecera.
Que tire la primera piedra quien haya llorado de forma "ostentórea" en el entierro de su nadre,(muerta de forma natural a una edad lógica)
Que la tire tambien, quien esté absoluabsolutamente seguro de no disparar,(con una pistola casualmente en el bolsillo,) si en la soledad de una playa a 40 grados al sol, se ve cegado por el reflejo de una navaja amenazadora.
Es tan extranjero Meursault?

Juan Herrezuelo dijo...

ISIDRE MONÉS: Cuánto me gusta que pases por aquí, porque le puse mucha nostalgia a este Calígula, alguna de cuyas frases leo con frecuencia en voz alta. Me apasionó El extranjero en mi juventud, y teniénolo por maestro no entiendo como tardé tanto en leer La peste: quedé trastornado. ¡Qué maravilla!
Un abrazo.