domingo, 22 de septiembre de 2013

Literatura y televisión

Hace un par de años le oí contar a un escritor de cierto éxito (novelas más o menos históricas con tramas más o menos intrigantes publicadas en editorial de campanillas) que la primera versión de su último libro, el que venía a presentar, le había quedado muy larga, y que para reducirlo a unas dimensiones manejables había procedido a quitarle "todo lo que sobraba, toda la literatura...". Prometo que es cierto. Bueno, pues ni siquiera así he visto yo a este escritor en la televisión. Los escritores ahora salen muy poco en la televisión, y en ese “muy poco” cabe además el grotesco episodio de Lucía Etxebarría en una isla, así que... Hay un programa en la segunda cadena estatal, que seguro hacen con mucho cariño y que, bueno, está bien, pero al que le pasa, creo yo, como a la llamada cocina creativa, que es muy original, está muy bien emplatado y combina ingredientes exóticos, pero al final te sabe a poco, te quedas con hambre. Yo recuerdo Los libros, con Armas Marcelo y Eduardo Sotillos, recuerdo El lector, con Agustín Remesal, recuerdo Negro sobre blanco, de Sánchez Dragó, que es un tipo que podrá caer mejor o peor pero que hacía espléndidos programas literarios (más lejos en el tiempo recuerdo también Encuentros con las letras y Biblioteca nacional). Y desde luego inclinémonos ante aquel A fondo presentado por Joaquín Soler Serrano, que hemos recuperado gracias a su edición en vídeo y DVD, por donde desfilaron los mejores poetas y narradores en lengua castellana de la segunda mitad del siglo XX –y parte de la primera, también-. Pero es que además los escritores aparecían en cualquier programa de entrevistas que se preciara, para hablar de su libro o para explicar cómo absorbían agua por el culo, cada uno en su estilo, pero ahí estaban. La primera vez que yo vi a Julio Cortázar fue en un programa de Mercedes Milá, quien años después, por cierto, afirmó que el maestro argentino había sido la persona que más le había impresionado de todas cuantas pasaron por su mesa de entrevistas.

Bueno, pues hoy en día los escritores salen muy poco en la tele. Digamos que no dan juego. Y como lo que no sale en la tele no existe, las grandes editoriales han decidido que ahora las novelas las escriba gente que sí sale, gente que presenta programas, de variedades o informativos, eso es igual, pero que resulta familiar para el gran público, el que está dispuesto a gastar su dinero en un libro. De este modo, burla burlando, cuando uno entra en una librería lo que se encuentra bien a la vista son novelas de Maxim Huerta, de Marta Robles, de Nuria Roca, de Jorge Javier Vázquez, de María Teresa Campos, de David Cantero, de Mari Pau Domínguez, de Mara Torres, de Sandra Barneda, de Nieves Herrero. Planeta le pidió hace más de un año una novela a Jaime Cantizano, pero no se sabe cómo va eso, y todavía se recuerda aquélla de Ana Rosa Quintana, lo mal que acabó el asunto, pues en lugar de contratar a un negro para que se la escribiera contrató a un Rojo, que es un color que se disimula mucho peor en la sombra, y todo salió a la luz. Sin duda todos ellos tenían una arraigada vocación de novelistas, lo que ocurre es que la vida les fue llevando por otro camino. Pasa mucho; a Kafka, sin ir más lejos, la vida le llevó a una agencia de seguros.

No seré yo quien diga que estas personas que forman parte de la nueva narrativa española son malos escritores, o que son malas las novelas que las grandes editoriales les publican y los lectores compran; no lo diré porque no las he leído ni es probable que las lea en el futuro, no por desprecio, por favor, entiéndaseme, es más bien que me queda por leer una cantidad abrumadora de novelas de Dickens, de Stendhal, de Balzac, de Víctor Hugo, de Galdós, de Baroja, de Proust, de Ana María Matute… en fin. Quiero decir que tengo lecturas pendientes. Tal vez no esté a la última última en cuestión de novelas, pero siempre he ido por libre, no sé, como a contracorriente. Justo antes del verano leí Otra vuelta de tuerca, de Henry James. ¿Puede haber algo más pasado ya? Bueno, pues me gustó una enormidad. Qué le voy a hacer: amo la literatura. La televisión, hoy por hoy, la amo mucho menos. Aunque en el fondo esté llena de nuevos novelistas.


Julio Cortázar es entrevistado por Joaquín Soler Serrano. A fondo, 1977

11 comentarios:

PMPilar dijo...

valiente reflexión, que no crítica (?), acerca de tan poco como nobilísimo escritor aparezca de relleno... en nuestras pantallas, hoy, plasmas.
Es así. siempre será así. las élites de las Letras, tanto mejor si protegidas de los torpes ojos que las vieren.
(es un decir)
del igual modo que tampoco la buena poesía es generalidad, los programas televisivos con marchamo de calidad son bien escaso que, por fuerza, habrá que mimar por que no se nos (los)contaminen.

¡Madre mía, 'A Fondo', qué insustituíble nos parecía por entonces a quienes nos sirvió de faro y guía, Juan!

felicidades por tu post

Mi abrazo

V dijo...

Es el signo de los tiempos.El programa de la dos, en mi opinión es una mixtura de diseño que vive prisionero de la necesidad de disfrazar lo guay que es leer con un look vistoso para hacerlo accesible. Estoy de acuerdo contigo,sabe a poco. Pero de otro modo desaparecería,estoy convencido.
Cuestión de reclinatorio eran aquellos encuentros con las letras o aquel a fondo. Es como comparar la clave de Balbin con cualquier tertulia actual.
Es curioso, pero con todos esos ejemplos que pones tengo una ambivalencia. Por un lado podría decirse, siguiendo a Cortazar, que son un ejemplo de atasco, de embotellamiento literario.
Por otro lado, tengo un amigo que considera que cualquier libro es bueno para iniciarse en la lectura. Tengo mis serias dudas. Pero si Marta Robles sirve para que un lector se aficione a la lectura bienvenida sea.Puede que el lector acabe en Proust (lo dudo),pero cuidado, puede acabar en un laberinto kafkiano pasando de ahí a las cincuenta sombras y de ahí a Crepúsculo y de ahí a Sasha Grey para volver a Sandra o Nuria y vuelta a empezar, alimentando aun más una bestia que poco tiene que ver con lo literario y si con lo mediático. Al final, todos ellos retroalimentan la aparición de fenómenos similares.
Simplemente te diré que un responsable de la sección de libros de los grandes almacenes por antonomasia me dijo no hace mucho que cada día estaba más avergonzada de la sección novedades. Y ella si se atrevía, lo tenía muy claro, el 90% no era literatura, era bazofia. Algo sabrá. Yo tampoco los he leido, por tanto me callo. Un abrazo



Marcos Callau dijo...

Maravilloso ese video de Cortázar. Lo he disfrutado. A mí también me gustó mucho "Otra vuelta de tuerca", Juan. Sí, malos tiempos para la lírica, amigo. También pienso que, con lo que me queda por leer de lo escrito hasta ahora, leer algo nuevo (salvo en raras excepciones) carece de importancia. Pues es necesario, primero, leer lo anterior. Un abrazo.

abril en paris dijo...

Mal que nos pese todo eso que nos comentas está ahí fuera o dentro de la pantalla, que he de decir cada vez ve menos gente, porque los jovenes (y no tan jóvenes) prefieren la otra pantalla, la del ordenador.
Yo tambien prefiero ponerme al dia con los clásicos porque mis imperdonables lagunas las he de llenar con aquello que al fin me proporciona mayor felicidad y de cuándo en cuándo repaso otras más ligeras entre las que no se encuentran los libros de presentadores de programas, no por nada, pero es que si no les aguanto en la tele...¡no te digo en las páginas de un libro! noooo

Un beso, Juan.

Belkys Pulido dijo...

Guardo con celo esta cita, es para ti. Pensaba que solo en Mèxico se daba esta tendencia a publicar a quien tiene presencia en la televisiòn, como si fueran de la mano en una carrera vana. Al menos, acà hay un canal cultural al que nos aferramos varios y programas en èl, dedicados a la literatura y sus artìfices. Esta cita està sobre mi escritorio y me agrada saber que consume con fuego todo lo invàlido, lo inùtil, lo que no me asombra.

Debiéramos leer con la misma dura inconsciencia, con la misma ingratitud con que juega un niño, haciendo nuestro lo que es sencillamente nuestro, ya que sin la expiaciòn por la escritura nada habrìa. Sólo unos pocos y limpios inocentes pueden mirar en silencio los prodigios. Es del poeta y narrador cubano, Eliseo Diego

Un abrazo

Marisa dijo...

Espléndida, clara y honesta. Así veo yo tu acertada reflexión, Juan.
Has hecho un nostálgico recorrido por aquellos ya lejanos programas de TV que dedicaban sus minutos -y a veces horas- a la literatura, que es cultura mal que le pese a algunos. Recuerdo con especial cariño el de Sánchez Dragó que, independientemente de la mayor o menor adhesión a su retórica o a su narrativa, es un lúcido e interesante orador e hizo mucho por aquellos escritores de aquella -y esta- época.
Lo que describes de la actual TV, que no presta atención a escritores que "no venden" o que no son "vendibles" es una realidad bochornosa. No solo son malos tiempos para la lírica sino que también lo son para la literatura en general; corrijo: para la buena literatura en general.
La TV actual no solo no concede espacios literarios al espectador (no es rentable) sino que tampoco los concede ni para la música, i para la pintura ni para el arte en general. Pero ese es otro tema.

Me encanta que seas un lector a "contracorriente". Ya no me siento huérfana en este valle de lágrimas.

Un fuerte abrazo, Juan. Siempre es un placer leerte.

Myra dijo...

Qué buen programa A fondo y qué grande Soler Serrano. Recuerdo la tristeza que me produjo enterarme de su terrible enfermedad. Sánchez Drago también presentaba un prograa sobre libros, creo que se llamaba "Noches blancas", que me gustaba seguir.
"La clave" también me gustaba mucho, grande Balbín y su sempiterna pipa.
La cantidad de estupendos escritores luchando porque les publiquen un libro y la facilidad con que se les publica a tanto famosillo, me indigna tanto...y me asquea.

Un beso, Juan.

José Luis Martínez Clares dijo...

¿Dónde hay que firmar?
Abrazos, Juan

Anna Genovés dijo...

No he leído ni creo que lea a los televisivos... Me quedo con HJ y su “Otra vuelta de Tuerca”, Magistral

Horacio Beascochea dijo...

Coincido en que tengo muchas lecturas pendientes, todavía y en eso estamos. En cuanto a los escritores en la televisión pública (Canal 7), en Argentina, los sábados de septiembre a las 21, el crítico y escritor Ricardo Piglia, está dando cuatro clases sobre Borges que no tienen desperdicio. Paso el dato por si interesa, seguramente se puede ver online.

Abrazo grande

Juan Herrezuelo dijo...

Queridos amigos: Gracias como siempre por vuestra presencia aquí. Realmente veo muy improbable que el lector de estos libros acabe leyendo a Proust, V, más bien creo que acabe en ese laberinto kafkiano, entre sombras, crepúsculos, códigos y otras hierbas (a lo mejor ni si quiera eso). Los libreros saben de qué hablan cuando se refieren a novedosas formas de bazofia. Yo conozco ya a catedráticos de literatura que se plantean la posibilidad de dejar la enseñanza ante la evidencia, me dicen, de que ya nadie lee; la persona de quien hablo sabía de un pequeño grupo de irreductibles que ha acabado claudicando ante el guasap. Las pantallas nos han derrotado, decía Philip Roth hace no mucho tiempo. En efecto, ABRIL, se refería a las pantallas con teclados, de las otras pantallas, las televisivas, surgiría la constatación de la derrota de la literatura, los últimos y menos nobles restos de lo que una vez fue vehículo de fantasía y ahora tan solo un sector económico. Sin embargo estamos algunos aún a contracorriente, MARISA, creo que todos nosotros, que nos citamos aquí y en vuestros espacios y que seguimos leyendo con la inocencia con que juega un niño, BELKYS, echando de menos “A fondo” y “La Clave”, claro que sí.... HORACIO, esta entrada -que es, como dijo Cela de su Oficio de Tinieblas, una purga de mi corazón- nació precisamente después de haber visto en una bitácora amiga (delaberintosydeespejos.blogspot) ese programa de Piglia sobre Borges: nació de la envidia y de la añoranza...

Un abrazo global desde mi afectuosa complicidad, amigos