domingo, 5 de octubre de 2014

Tu rostro mañana, de Javier Marías

Cuando en mayo de 2007 Javier Marías dio por finalizada la tercera parte de Tu rostro mañana (novela publicada en tres volúmenes durante los años 2002, 2004 y ese 2007), debió de experimentar una mareante sensación de vacío y algo así como un repentino desvalimiento ante la certeza de que el mundo en el que había habitado durante los ocho años que tardó en escribirla se cerraba a sus espaldas, o frente a él, es igual, pero en cualquier caso de manera definitiva. Las personas reales en que están inspirados los dos personajes de mayor edad, nonagenarios ambos, el hispanista y amigo del autor Peter Russell y el pensador Julián Marías, su padre, habían fallecido, además, cuando llevaba escritas poco más de cien páginas de las setecientas que acabaría teniendo el largo desenlace de Tu rostro mañana, y terminada la novela, en la que habían permanecido vivos un par de años más, sus muertes se hacían desoladoramente definitivas. En noviembre de aquel año, cuando los lectores pudieron al fin completar la lectura de tan monumental novela con esta tercera y definitiva entrega, subtitulada Veneno, sombra y adiós, Marías aún conservaba cierta sensación de pérdida, al punto de reiterar una y otra vez durante la promoción del libro sus dudas acerca de la posibilidad de volver a escribir una novela, aun a pesar de no tener más, entonces, que cincuenta y seis años. Lo cierto es que no debe de ser fácil imaginar cómo habrá de ser "tu trabajo mañana" una vez que se le ha dado forma final al que será considerado siempre tu texto de ficción más logrado, la obra cumbre de tu carrera, una novela que excede con mucho los límites de la "literatura española" para elevarse por encima de las letras contemporáneas en cualquier idioma.

"No he querido saber pero he sabido...", se decía al comienzo de la novela que supuso el reconocimiento internacional de Marías, Corazón tan blanco (1992), y veinte años después afirma en la primera línea de Tu rostro mañana, como un eco alterado de aquella frase, que "Nadie debería contar nunca...", afirmación que el lector puede completar por sí mismo una vez finalizada la novela, más de 1.300 páginas después, muchas, podría alguien pensar, para haber sido narradas por quien hace ese invitación inicial a la reserva. La edición de Tu rostro mañana que yo he disfrutado es el grueso volumen en el que Alfaguara reunió las tres partes en un solo libro (2009), magníficamente editado y ya sin subtítulo alguno. Leí seguidas las dos primeras partes. Supe, en la primera, acerca de ese don que posee el protagonista (Jacobo, Jaime, Jack o Jacques Deza), de la capacidad para traducir o interpretar personas -sus conductas, sus reacciones, sus inclinaciones-, para leer en ellas, por anticipado, las historias por suceder, para atreverse a mirar hoy sus rostros de mañana; y supe también que a través de un viejo profesor de Oxford Jacobo entró en contacto con un extraño grupo ligado a los servicios secretos británicos surgidos en la Segunda Guerra Mundial y dedicados en el presente a sacar partido de ese don.

La parte de la novela equivalente a la segunda entrega, sin embargo, no me satisfizo tanto. Asegura Javier Marías que del Tristram Shandy, de Lawrence Stern, el clásico inglés del siglo XVIII que él mismo tradujo al español en 1978, aprendió que en tiempo narrativo un minuto podía durar ochenta páginas, y a fe mía que en esta segunda parte hace uso de estos conocimientos: el estilo personalísimo de Marías, ese deliberado sistema de ecos y resonancias al que él mismo se ha referido alguna vez, ese girar y girar sobre una idea, ese apartarse en una digresión y volver de nuevo y de nuevo irse y regresar hasta penetrar así muy profundamente en aquello que se quiere decir; esa prosa “claustrofóbica, repetitiva, agobiante, obsesiva, casi demente en ocasiones”, como explicó Félix de Azua, adecuada a lo que la novela trata, es decir, obsesiones, demencias, agobios; su virtuosismo novelador, en definitiva, parece aquí dejar en suspenso la acción a lo largo de más de 300 páginas, en una escena brutal y excesiva, el escarmiento que el jefe de ese grupo secreto le da a un auténtico majadero, al que se le somete a un aterrador simulacro de ejecución en los lavabos de una discoteca. Después de esto, decidí posponer la lectura de la tercera y última parte (o de las tres últimas partes, para ser más exactos, “Veneno”, “Sombra” y “Adiós”) hasta mejor ocasión, y burla burlando pasaron dos años antes de que volviera a abrir el grueso libro.

Javier Marías. Foto: Quim Llenas

Ese final, que ocupa más o menos la mitad de la novela, es sencillamente magistral. Todo se resuelve de manera brillante, todo adquiere sentido. Los conflictos que sostienen la novela, que son múltiples, van desanudándose ante nosotros, que no podemos dejar de sentirnos implicados activamente en la historia, tal es el poder expresivo de Marías: conocemos qué es el miedo, el que se infunde y el que se tiene, y la visión de unos vídeos con escenas reales de violencia extrema nos inocula a través de los ojos un veneno que entra en nuestro conocimiento –el protagonista dice enfermar por los ojos-; experimentamos con Jacobo Deza (el apellido, por cierto, nos recuerda inevitablemente el Carlos Deza de Los gozos y las sombras, de Torrente Ballester) una sigilosa y como no ocurrida escena sexual –una de las mejores y más divertidas que he leído nunca-; le acompañamos en su viaje a Madrid, visitamos con él la que fue su casa y ahora lo es sólo de su mujer y sus hijos, y sentimos que no somos bienvenidos, que él no es bienvenido, y descubrimos que el novio de la que fue su mujer le ha pegado alguna vez, ahí está el moratón en el ojo que ella no es capaz de ocultar con el maquillaje; a un seguimiento del agresor por las calles de Madrid le sucede una escena inspirada en aquella otra ocurrida en los lavabos de una discoteca londinense. Y cuando Jacobo regresa a Inglaterra y va a entrevistarse con aquel viejo profesor de Oxford, Peter Wheeler, lo que éste le revela acerca de la guerra mantiene al lector amarrado al libro: el silencio exigible a todos en circunstancias tan terribles, las indiscreciones que cuestan vidas, pues nunca se sabe quién escucha o qué alcance puede tener una revelación en apariencia trivial, la propaganda bélica, la blanca y la negra, y sus consecuencias.

Leí las últimas páginas en San José (Níjar), sentado a solas en un apartado mirador frente al mar y al Morrón de los Genoveses, en pleno Parque Natural Cabo de Gata; la novela está asociada para mí a esa codiciosa lectura final: decido acabarlo allí, bajo el vuelo de las gaviotas, y de allí salir ya otro, ya habiendo sabido, gozosamente envenenado por los ojos, enfermo de conocimiento y de literatura. Fue el 12 de octubre del año pasado. Y aunque Javier Marías ha vuelto, a pesar de sus temores, a escribir y publicar novelas (Los enamoramientos en el 2011, con la que tuvo la oportunidad incluso de rechazar el Nacional de Narrativa, y Así empieza lo malo, aparecida hace apenas unos días), soy yo el que no puede leerlas por ahora: la hipnótica prosa de Marías es, en mi inconsciente, la prosa de Tu rostro mañana. Una limitación, mía, por supuesto. Sin duda dentro de un tiempo, no sé, tal vez mañana…

Foto: JFH

12 comentarios:

ethan dijo...

Pues "Los enamoramientos" te la recomiendo, aunque no sé qué lejos está de la trilogía que nos comentas y que aún no he leído.
Por cierto, ¡qué lugar, San José!
Abrazos.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Tengo en espera la trilogía de Javier Marías. La he ido dejando, no sé por qué. Los enamoramientos es una cosa menor, dicen, pero a mí me parece redonda, aplastantemente bien escrita, bien acabada además. La disfruté en tres tacadas, a cual más intensa. Un abrazo, Juan. Qué foto colgaste, qué lujo. Un abrazo. Grande.

Juan Herrezuelo dijo...

Amigos ETHAN y EMILIO CALVO DE MORA: quise leer "Los enamoramientos" justo después de acabar "Tu rostro mañana", y no me funcionó. Me la tienen muy recomendada y sé que la leeré, como leeré ésta última, qué tiene muy buena pinta. Para ambas llegará su momento. Marías no habla de trilogía, aunque la publicara como la publicó, sino de una sola novela que fue publicada inicialmente en tres entregas, de ahí lo interesante de leerla en ese único tomo. Y sí, ETHAN, qué lugar San José, y EMILIO, en ese preciso banco de piedra terminé de leer tan abrumadora novela.
Abrazos.

José Luis Martínez Clares dijo...

En la trastienda de mis deudas literarias, está Javier Marías. Tu análisis -casi otra envolvente novela- me dice que me estoy perdiendo algo grande. Te felicito por adornar esos finales literarios con lecturas en escenarios como ese. El atrezzo seguro que hace inolvidable la lectura. Y, para remate, la foto, con la que le dices a Marías que su libro vive en otras partes, más allá de su imaginación, de su esfuerzo, de su dolor. Un abrazo

PMPilar dijo...

lo impactante de J.M. es el escenario sin proscenio en que todo él y todos sus personajes y amalgama de 'in situ' cobran aliento y viven y viven y se viven y ya ni personajes son fuera de tiempo.

Lúcido como pocos, este Marías.
A mí me atrapó definitivamente en 'Los enamoramientos'.

Juan Herrezuelo dijo...

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ CLARES: mantengo esa relación especial con los libros, más con unos que con otros, claro, de tal manera que se convierten en irreemplazables. Marías merecía ese escenario en el dar fin a su larga y apasionante historia. Un abrazo

PMPilar: mantiene sin duda un inteligente juego con el lector, a quien le va transmitiendo distintos fragmentos de claves para dar forma casi real en la memoria a sus personaje. Saludos.

V dijo...

Poco puedo hacer sino deleitarme con lo que cuentas....con esos juegos literarios a la sombra de ese paisaje con figuras. Esa necesaria pausa en la lectura para la reflexión en ese balcón se hace deleite puro. No he leido el libro, por tanto solo queda anotarlo, y decir que a lo que parece y muy sutilmente señalas, estamos ante unos genes muy bien aprovechados....con ese padre no me extraña que surjan cosas como las que cuentas....un abrazo

abril en paris dijo...

Y yo que estoy con los enamoramientos tengo que encontrar el momento y el lugar para Tu rostro mañana..mientras que te leo y noto tu "enamoramiento " entusiasmado con la obra de éste autor tan Talentoso.
Da gusto leerte y leerle contigo.
Un beso

Juan Herrezuelo dijo...

V: Gran cinéfilo Julián Marías, además, como lo es su hijo, y hermano de Javier, Miguel, contertulio garciano. Sin duda el ambiente en casa de los Marías era el idóneo para el cultivo de las artes y las letras (también la madre era una mujer culta, que abandonó la docencia para cuidar de los hijos y sin duda influyó más aún que el padre en el carácter de todos). Abrazos.

ABRIL: Y yo tendré que leer Los enamoramientos, pues parece que es la más leída entre los amigos que nos citamos aquí. Un beso.

Francisco Machuca dijo...

Con Marías entras o no entras. Su narrativa es pensada, reflexionada a medida que va avanzando la historia, sin diálogos, muy a lo Hermann Broch o Robert Musil y muy poco de Sterne, al menos a lo que concierne en pensamiento y sí en estructura técnica, porque Sterne es festivo de un humor negro extraordinario. Para mí es un narrador en la estela del magisterio de su admirado Juan Benet. Sin escapar a los ejes centrales de su novelística, como el peso de la incertidumbre en nuestras vidas, o el recelo ante lo supuestamente sabido, Javier Marías abre nuevos espacios imaginativos en Tu rostro mañana, que no anduvieron antes en sus novelas. En particular, la interrogación crucial ahora atañe al pasado, a la credibilidad de las versiones que lo narran y a la cantidad de intereses que lo perturban, sin que exista solución concluyente al problema. Creo que la novela crece sobre la conjetura como mecanismo narrativo, el estilo es siempre laberíntico y envolvente como una gasa que teje el narrador mientras medita, y esa meditación es el relato mismo en busca de certezas, quizá nunca, y afortunadamente, ciertas del todo.

Esa imagen que has puesto al final me parece magnífica, amigo Juan.

Un fuerte abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

FRANCISCO MACHUCA: Sin duda conoces bien la obra de Marías. Hace unos días nuestro amigo Francisco Ortiz me recordaba la influencia de Benet. El propio Marías señala que la gente le dice que sus libros son complejos, pero que él, como autor, hace todo el trabajo. No he leído el Tristram Shandy (aún), y eso que en la carrera, tal y como me hablaron del libro, me pareció una especie de precursora de Rayuela, con páginas en blanco y otras humoradas. Un abrazo fuerte.

Anna Genovés dijo...

Buena recomendación. Saludos