sábado, 5 de noviembre de 2011

Elogio del silencio dos

Dedicado a José Luis Campos, camarada y poeta.
Imagen: Paul Klee, Seiltänzer (Funambulista), 1923


Permanecí, permanecí, pero mi obra es la retracción, la retirada hacia una especie maternal

y la virtud de mis oídos se adelgazaba dentro del silencio.
 ANTONIO GAMONEDA

La primera manifestación del silencio está ligada precisamente a su ausencia: hay ese instante único, primigenio, imposible de concebir, en que la vida de cada uno de nosotros comienza a ser digna de tal nombre, ese paso imperceptible de la nada absoluta a un sonido que en el principio no será una palabra sino el eco de sí mismo, creciendo desde una oscuridad remota hasta esta otra oscuridad en la que un ser acuático va revelándose, un sonido de pronto constante, repetitivo, soberano, un bombear casi invariable, acaso estremeciendo levemente el líquido que nos cobija y es cálido y está ceñido a nuestra naturaleza translúcida, un sonido que es apunte primordial de todos los sonidos, golpeando, repitiéndose, el latido que resuena dentro del cuerpo en el que el nuestro va adquiriendo forma, y ese latido era el primer dios. El silencio es antes que nada una pausa igualmente constante y repetida en ese sonido; el silencio hace al latido: es el latido.

Dice María Zambrano que nacer es nacer en el tiempo, de la misma forma que dormir es nacer en la noche de los tiempos; nuestra vida, fragmento de ese fluir temporal independiente de nosotros, sucede entre ese sueño prenatal al que regresamos cada vez que dormimos y el gran sueño al que estamos abocados todos. Pero hoy nacer es también nacer en el ruido, un ruido continuo, ininterrumpido, implacable, una acumulación de muchos ruidos superpuestos, un magma de estridencias, capas y capas de ruidos desacompasados, el rumor incesante de motores lejanos y de motores próximos, el excitado traqueteo de maquinas que ventilan, perforan, sierran, trasportan, refrigeran, imprimen, elevan; el runrún de voces múltiples, el acoso de músicas inarmónicas, violentas, deliberadamente apremiantes. Somos prisioneros de una cultura del estrépito y la prisa, que asume el ruido como seña de identidad global, como sector económico, como depravación del carácter: en la arrogancia irracional del tipo que atraviesa la ciudad con un retumbar de altavoces trucados anida la predisposición a la tortura.

Ocurre que ruido y aceleración establecen una complicidad en el filo del vértigo, se engendran mutuamente, como si suprimir los silencios intermedios equivaliera a suprimir el espacio inapreciable que separa un segundo del siguiente, o viceversa, y entonces el tiempo se precipita, y nuestras vidas con él: todo parece más rápido y la meditación se hace imposible. En las sociedades modernas no hay lugar para la duda porque no hay lugar para el pensamiento (se duda porque se piensa, afirma Zambrano): toda decisión ha de ser tomada de manera inmediata e irreflexiva, sin que medie la consideración de las consecuencias, de tal manera que la aceleración del tiempo se vuelve constante y progresiva, como en una caída. Y como el poema tiende por naturaleza al silencio, según afirmación de José Ángel Valente, o lo contiene como materia natural, el pensamiento alegórico, al igual que el meramente reflexivo, no encuentra hueco y se apaga, y un rasgo tan significativo de la inteligencia puramente humana, como es la abstracción de la palabra poética, es sustituido por una suerte de instantaneidad cibernética.

Al mismo tiempo que el silencio desaparece y el tiempo se acelera, el espacio parece empequeñecer, el mundo se angosta a nuestro alrededor, las distancias se ven reducidas, se rompe la barrera del sonido. Es la tiranía de la velocidad, la “dromocracia”, según término acuñado por el urbanista y pensador francés Paul Virilio, para quien la globalización del tiempo, derivado de la revolución de los transportes, se resuelve en una reducción mental de la Tierra y en la amenaza de perder la consciencia de la medida del mundo, de su vastedad alrededor de nosotros, y con ella un elemento de la libertad y de  la grandeza del hombre. Si el silencio es una de las formas del infinito, como dijo Balzac, el ruido es una de las deformidades de todo aquello que limita en la inmediatez, en el ya mismo, en el aquí, en la angustia de saberte una anomalía en la multitud.

Pero un día te alejas de la ciudad, subes a una montaña o te adentras en la anchura sin extremos de un desierto, o en un viaje nocturno te apartas de la ruta trazada por la autovía, tomas un camino estrecho que las luces del coche van inventando como de la nada, te internas en un bosque, desapareces del tiempo mensurable y paras el motor en medio de ningún sitio, sales a un exterior donde apenas cuentas con la compañía acústica de alguna criatura invisible que araña la oscuridad con su cricri menudo, constante, repetitivo, perfecto, y alzas la mirada hacia la inmensidad de un cielo salpicado por una infinitud de estrellas, y como dentro de un sueño te sabes suspendido en el silencio, en el tiempo y en el espacio: el instante se dilata, todo sonido retorna a una condición primordial, eres tú en tu interior y en el interior del misterio, porque el silencio es la suma de todo lo que ignoramos, es la duda, la curiosidad, la lentitud en el asombro, el latido pausado de nuestras aspiraciones.





silencio
yo me uno al silencio
yo me he unido al silencio
y me dejo hacer
y me dejo beber
y me dejo decir

ALEJADRA PIZARNIK


(Un primer y estimulante Elogio del silencio, firmado por José Luis Campos, puede leerse en el nuevo espacio Estación Suipacha, cuyo nacimiento ha supuesto para mí una enorme alegría. Con tal motivo, el Loser no abre hoy esa figurada trampilla que, escondida tras la barra, de acceso a una serie de  pasadizos a través de la red, sino que tensa en la cornisa el extremo de un alambre de funambulista, homenaje al camarada poeta que inicia la aventura)


Foto: ForestWander.com
 

37 comentarios:

Marisa dijo...

"Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen".

Octavio Paz, Silencio.

Espléndida tu definición del "silencio", Juan: "es la suma de todo lo que ignoramos, es la duda, la curiosidad, la lentitud en el asombro, el latido pausado de nuestras aspiraciones".

Como ves, hoy va de citas tras citas... Feliz andadura a ese más que interesante espacio de "Estación Suipacha".

Un abrazo, silencioso, naturalmente.

Horacio Beascochea dijo...

Gran definición del silencio.

"A veces, cuando avanzas en silencio por paisajes tan desolados, pierdes la cohesión como ser humano y te sobreviene la alucinación de que te vas disgregando progresivamente. El espacio que te rodea es tan vasto que es difícil mantener el sentido de la proporción con respecto a la propia existencia. ¿Me comprende usted? Mi conciencia se iba dilatando junto con el paisaje y acababa por ser tan difusa que no podía mantenerme aferrado a mi cuerpo. Ésta fue la sensación que experimenté en medio de las estepas de Mongolia. "¡Qué inmensidad!", pensaba. Más que la estepa, parecía el mar. El sol ascendía por la línea del horizonte del este, cruzaba el cielo despacio y se hundía en el horizonte del oeste. Ante mis ojos, esto era lo único que cambiaba. Y hacia este desplazamiento del sol yo sentía algo que cabía definir como un enorme amor cósmico."

Murakami, Haruki, "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo".

Saludos

J. G. dijo...

No nos caeremos, me gusta la densa forma de explicarlo.

Juan Herrezuelo dijo...

MARISA: Gracias por el poema de Paz, que enriquece, y de qué manera, mi texto. Repasé poemas que trataran el silencio, pero no éste, porque no lo conocía. Qué hermosa sería una antología poética del silencio. Y me ha bastado escribirlo para empezar a darle vueltas al asunto… Aunque da miedo pensar en la vastedad del proyecto. Abrazosssshhh.

Juan Herrezuelo dijo...

HORACIO: Y el silencio en prosa. Con Murakami, al que no he leído aún, empiezo a tener demasiados encuentros, como ocurre a veces con personas a las que no conocemos pero que a base de encontrártelas en muchos sitios empiezas un día a saludarlas. Tendré que invitar a una de sus novelas a tomar un café y charlar. Un saludo.

Juan Herrezuelo dijo...

J. G. Para alguien como yo, siempre será preferible caer en el silencio que mantener la verticalidad en el ruido. Gracias y un saludo.

abril en paris dijo...

Me he quedado colgada de tus palabras y con una rara pero hermosa sensación de paz..
Solo le pongo banda sonora si me lo permites a ésta maravillosa prosa tuya.
http://www.youtube.com/watch?v=4zLfCnGVeL4&feature=related

¡Mil gracias por éste momento a solas en éste universo de extraños !

Un beso

Marcos Callau dijo...

Estupendo Juan. El silencio es ahora el paraíso que buscamos como ese conbductor que detiene su coche en mitad de la nada. Carreteras secundarias en lugar de esas autovías que te llevan a tu destino, en mucho menos tiempo. Estamos en la época del ruido y la velocidad y hemos perdido un poquito el norte. Convendría retornar al silencio. Un abrazo, amigo.

Miguel Cobo dijo...

Al silencio

Gonzalo Rojas

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.

Para la Antolgía del silencio que sugieres, Juan.

Un abrazo

Beatriz dijo...

No sé porqué al reflexionar sobre el silencio "siento" el abrazo de mi madre, esa fuerza sin sonido de sus brazos apretando mi cuerpo, o la mirada de mi padre inundada de palabras mudas,o la quieta vos de mis ausencias ,o el sueño de mis hijos donde en esa mudez de sus sueños mi vigilia protectora se recreaba en la ternura enmudecida, en la paz.
Sonidos mudos de la vida, que atraviesan nuestra piel,se oyen sólo en la profundidad de nuestros pensamentos y regresan siempre como una música lejana reconocible .
Me he detenido en Estación Suipacha, creo que me detendré en su andén para empezar a viajar por esos lugares fascinantes del silencio-

Un abrazo y mi enhorabuena a José Luis Campos y a su Elogios del silencio

Francisco Machuca dijo...

Dice un proverbio sufí que si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no hay que decirlo. Y puede que sea cierto. En donde no hay silencio no hay entendimiento. La vida esconde todo a los seres humanos.En su propio ruido no oyen nada. El silencio no tiene límites, para mí, los límites los pone la palabra.Decía Mark Twain que el ruido no prueba nada.Una gallina que acaba de poner un huevo cacarea como si hubiese puesto un asteroide. Estamos sofocados,amigo,por las palabras sin sentido y opto siempre por el silencio.Y para más inri tenemos que soportar el cañoneo de decibelios de nuestro mundo contemporáneo, que hombres de épocas anteriores no sólo no hubieran soportado físicamente,sino que los hubiera lanzado a precipicios de trastornos psíquicos y espirituales.La vida actual es solamente ruido de fondo.Interferencias. Sin embargo,cada persona (aunque no lo admita) es un silencio,cada una con su silencio,cada una con el silencio que es.Todo termina y cae en el silencio.Sigo creyendo que si hubiera un poco más de silencio,podríamos entender algo.

Preciosos texto,amigo,que obliga a callar cuando los sentidos reposan calmados,habla un espíritu inmortal en un lenguaje difícil de designar,compuestos de conceptos, que es posible comprender pero imposible de describir.

Un fuerte abrazo.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Sobre el silencio hablamos (paradoja) en la terraza de un bar, hace unas noches, en un tumulto insoportable de gente yendo y viniendo, pero felices de estar así, como en una placenta tumultuosa y febril, que era el bar y era la noche del viernes mágica por muchas cosas. En fin... Hablamos, Juan, de zen, de yoga, del silencio pegado ahí a la vida como un añadido, cuando debería ser un ingrediente de fundamento. Vivimos en el vértigo y vivimos en la fiebre. El silencio es un lujo. No debería serlo, pero el mundo de ahora lo aúpa a la categoría de anomalía. Una infame anomalía acústica, pero existe. Bello texto. Abrazo.

mi nombre es alma dijo...

Y ese silencio es tan profundo que paradójicamnte escuchas el sonido, el latido de tu corazón.

Juan Herrezuelo dijo...

ABRIL: Qué curioso: hoy mismo escuchaba después de muchos años el Concierto en Central Park de Simon y Garfunkel. Lo tengo en vinilo, por eso todo este tiempo. Y me trae recuerdos muy especiales. Estos sonidos del silencio siempre serán el inicio de El graduado.
Me alegro de haberte proporcionado un instante de paz, ese privilegio cada vez más escaso.
Un beso.

Juan Herrezuelo dijo...

MARCOS: Permitámonos huir unos minutos hacia los márgenes, reposar un pensamiento, encontrar las coordenadas de nosotros mismos… Un abrazo

Juan Herrezuelo dijo...

MIGUEL COBO: “La palabra es del tiempo, el silencio de la eternidad”, Maurice Maeterlinck. Silencio incontenible, ubicuo, divino, como apunta Rojas. Gracias miles por este aporte a esa posible antología. Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

BEATRIZ: Acaso porque el silencio es ya una de las formas del pasado. Silencio, la voz de las ausencias… Silencio, el sonido de la ternura… Qué hermoso, Beatriz.

Juan Herrezuelo dijo...

FRANCISCO MACHUCA: No lo habrían soportado los hombres de épocas anteriores, es cierto. El ruido está socavando nuestra cordura. Lamentablemente, el proverbio sufí sería inviable, pues la comunicación entre los hombres tal vez quedase reducida a la música –a cierto tipo de música-: después del silencio, dijo Huxley, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es el silencio. Un gran abrazo, amigo.

Juan Herrezuelo dijo...

EMILIO CALVO: Acabarán embotellando el silencio como han embotellado el agua: lo que debiera estar al alcance de cualquiera, un lujo, como dices. Y yo, que soy un ser de silencio, como otros lo son de agua, o de aire, o de fuego, o de tierra, estoy como en un permanente y atribulado exilio de mi mismo en esta tiranía del estrépito. Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

ALMA: Un corazón que palpita al ritmo en que se añora ese silencio…

Luzdeana (Diana H.) dijo...

Bellísimo, Juan, y la belleza de tu texto nace de su verdad.
Sumándome a las citas, te dejo ésta:
"...nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar y, para realizar ese deseo, se entrega al demonio de la velocidad; acelera el paso porque quiere que comprendamos que ya no desea que la recordemos; que está harta de sí misma; asqueada de sí misma; que quiere apagar la temblorosa llamita de la memoria."

Milan Kundera, "La lentitud".

Un abrazo.

Raúl dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Raúl dijo...

Tu entrada me ha hecho pensar en algo que nunca antes se me había ocurrido. Es algo así como una fórmula matemática -o un cojo silogismo- que anunciaría que, a mayor ruido soportado, más pequeño es nuestro mundo.
Y es que, como todo por todos es sabido, las paredes de este mundo que habitamos (distinto el tuyo al mío, distinto el mío al de él) son de un material elástico e inabarcable, siempre que podamos empujarlas con el pensamiento o la imaginación. Y claro está, el ajetreo mundanal y las velocidades a las que nos movemos, casan bastante mal con la tarea que tiene al pensamiento como objeto, sujeto, camino y fin.
Conclusión: nuestro mundo ya es de un tamaño insignificante.
Un gran texto el tuyo.

Juan Herrezuelo dijo...

LUZDEANA: Curiosamente, el título Elogio del silencio nació de haber comentado el "Elogio de la lentitud" de Carl Honoré. Ruido y velocidad están relacionados, sin duda. De modo que añadamos a Kundera. Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

RAÚL: Ésa es la clave: imposibilitar el pensamiento. Somos ya siete mil millones de seres humanos. Hubo un tiempo en que la Tierra parecía enorme, pero podemos empezar a decir que vivimos hacinados en ella.

Sudeste dijo...

Soy de la que encuentra en el silencio la mayor y escandalosa paz del universo. Pierdo el tiempo clasificandolo, pues el silencio está cargado de posibilidades.
http://lafraguadelasletras.ning.com/
Natacha.
Ven a La Fragua nos honraría tu presencia.

Juan Herrezuelo dijo...

SUDESTE: El silencio nos devuelve, en efecto, a nuestra condición de minúscula partícula en esa sinfonía callada del Cosmos.
He tratado de conectar con la dirección que me propones, pero no me ha sido posible.

Mario dijo...

Excelente escrito, el silencio es necesario para reflexionar, sentarse a pasar vista por el mundo y nuestro entorno, para alimentar la abstracción, para oír el latido de nuestro corazón que a espasmos está formado de éste. Cuando afuera todo es ruido, velocidad y consumismo sentarse a auscultar nuestra alma requiere paz, tranquilidad y que mejor que con lo que manfiestas. Muy bien dicho. Un abrazo.

Mario.

José Luis Martínez Clares dijo...

El silencio es la parte más explícita de una conversación. Magnígicas reflexiones, Juan, sobre uno de los temas más imperecederos de la literatura, de la poesía. Abrazos

Myra dijo...

Yo necesito recurrir muchas veces al silencio. El silencio me da paz, me carga las pilas. Ese silencio que tan bonito describes cuando vas con el coche y abandonas la autovía y paras el coche en un sitio en el que no se escucha nada. Ese silencio que tantas veces encuentro en mi paraíso.
Mientras leía tus palabras sobre el silencio, recordaba una de las primeras escenas que aparecen en la película "El príncipe de las maeras" en la que, siendo niño el protagonita siempre cumplía un ritual junto a sus hermanos. Se zambullían en un lago y permanecían allí abajo hasta que sus pulmones no podáin más. De esta manera buscaban la paz, en ese silencio que proporciona el fondo de un lago.

Un beso silencioso.

Juan Herrezuelo dijo...

MARIO: Esa capacidad de abstracción es fundamental, pues no en vano está detrás del lenguaje mismo y, en definitiva, de la inteligencia. Todas las filosofías y culturas que propugnan el diálogo con uno mismo como fuente de equilibrio interior subrayan la importancia del silencio. Busquémoslo. Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ CLARÉS: “Los silencio pesan aún más que las palabras”, escribió García Montero. Una conversación sin silencios es una conversación liviana, como una poesía sin silencios es una poesía sin ritmo. Claro que de poesía tú sabes mucho más que quien esto escribe… Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

MYRA: Sé que es tal y como me lo dices, porque no en vano son ya siete los meses que llevo visitando tu Pentimento. Y lo comparto: tantas veces te lo he comentado. Sé también lo mucho que te gusta esa película que mencionas, y esa escena inicial, envuelta en esa música, te mete de lleno en una gran historia. Yo mismo he recurrido a sumergirme en el agua con los oídos tapados y permanecer todo lo posible en ese silencio casi absoluto, intrauterino, y encontrar una extraña paz.
Un beso desde lo alto del puente, donde dos palabras llegan como una oración, como un lamento, como una alabanza: Lowestein, Lowestein.

V dijo...

Excelente trabajo, Juan. Elaborado e inspirado. Traer a colación a María Zambrano viene muy a cuento a propósito de una reflexión no solo sobre el silencio, sino sobre el ruido y la furia que nos impiden distinguir su necesario susurro. Dices verdades como puños, y todo al hilo de un pensamiento que nos lleva a reconsiderarnos como personas y a plantearnos el mundo en que vivimos. En definitiva, que nos obliga e invita a pensar, lo cual siempre resulta aleccionador. Enhorabuena, y gracias por tan excelentes reflexiones.Un saludo

Juan Herrezuelo dijo...

V: Mi acercamiento a Zambrano es muy reciente, y ha supuesto un deslumbramiento intelectual y literario. El libro “Los sueños y el tiempo” es un tesoro de reflexiones valiosísimas y muy bien escritas acerca de tan excitantes asuntos. Respecto al silencio, cabe preguntarse quiénes promueven una sociedad tan estrepitosa (España es el país más ruidoso del mundo -junto con Japón, se añade como para aliviar la cosa-) si apenas se plantea la cuestión surge tanta gente sensible que se suma al sosiego, a la lentitud. Gracias por tus valoraciones. Un saludo

anteros dijo...

que curioso mi primer blog se llamaba "al silencio mártir" compartimos algunas obsesiones parece ¿también la marca del whisky?

Explorador dijo...

"Nacer es nacer en el tiempo, de la misma forma que dormir es nacer en la noche de los tiempos". Maravilloso. El silencio se ha convertido en la nota musical más cotizada en este mundo de números y precios. Me gusta pensar que entre los ruidos que se superponen, hay instantes de silencio total, puero, pausas que coinciden y crean otro ámbito. En ese momento sientes un vértigo placentero, como el que sientes pensando y dudando sobre la frase de María Zambrano. Y eso luego lleva más tiempo, y en ese tiempo hay silencios, ruídos y armonías, la organización del ruído a imagen de la nada. Enhoraubena por la entrada. he pensado en el Big Bang, ese momento creador: antes de él todo sería silencio, pero no se conocía. Y nada, pero tampoco. En fin, desvarío. Que me alegro de haber conocido tu espacio. Y espero leerte más.

Un saludo :)