lunes, 7 de mayo de 2012

La suave piel de la anaconda, de Raúl Ariza










 "Así que ha tenido que volver a casa de unos padres viejos y amables. Una casa en penumbra en la que parece que siempre anochece. Una casa de la que Rubén ya había olvidado sus escondites preferidos y ese olor a rancio que lo impregna todo. Una casa llena de relojes detenidos, de figurillas de porcelana con mirada sin brillo y de medicamentos de viejos por las mesillas de noche". 

Raúl Ariza, "Desmemoria"





Dice el fantasma de Fernando Pessoa en una novela de José Saramago que “la soledad no es vivir solo, la soledad es no ser capaz de hacer compañía a alguien o a algo que está en nosotros, la soledad no es un árbol en medio de una llanura donde sólo esta él, es la distancia entre la savia profunda y la corteza, entre la hoja y la raíz”; y añade: “solitario es estar donde ni nosotros mismos estamos”. De este mal están aquejados muchos de los imaginarios clientes de este imaginario local que es el Loser; entre ellos, entre quienes un día entran sin saber por qué y se sientan a la barra y piden una copa y beben en silencio o se desahogan con el barman, muy bien podrían estar los personajes que pueblan el segundo libro de relatos de Raúl Ariza, La suavepiel de la anaconda: Rosario, por ejemplo, que perdió para siempre a la mujer que amaba a manos de su marido, o Eva, con su belleza fresca de joven que debiera ser feliz pero que tiene un moratón bajo sus ojos claros, o Fernando y Juanma, o Jesús, que cometió una locura cuando supo que su mujer estaba enferma, o Ángel y Julia y Rosa, sobre todo ella. Y no es que se nos hable explícitamente de su soledad: de todos los estados del alma, éste es quizá el que menos se nombra en el libro y el que más intensamente, aunque de manera oblicua, percibe el lector. Digamos que, como en la vida misma, también en las páginas de La suave piel de la anaconda la soledad serpentea silenciosa.

Raúl Ariza ha ido perfeccionando a lo largo de estos últimos años una manera propia y reconocible de contar una historia en apenas uno o dos folios. Es posible que en un principio esta brevedad fuera  la más adecuada para el medio en que empezó a publicar los relatos, su blog El alma difusa, pero no cabe duda de que ha logrado dominar de tal modo su técnica narrativa –sutil hasta la invisibilidad, por lo demás- que no se trata ya de que en sus cuentos no haya una palabra de más ni una palabra de menos, es que las palabras que utiliza, cada una de ellas, insinúan caminos en las vidas de los personajes que extienden la historia mucho más allá de los límites meramentes literarios. Escribió Antonio Muñoz Molina que la verdadera originalidad nunca es un propósito, sino un resultado. Estoy convencido de que Raúl Ariza no se impuso como principal objetivo el de renovar un género o cosa parecida, sino el de escribir un cuento corto de una manera eficaz, de modo tal que el lector se implicara plenamente en la trama a pesar de la brevedad, se conmoviese sin tener que enfatizarle los aspectos emotivos y se sorprendiera al final sin someterlo a una pirueta tramposa en las últimas líneas; la originalidad de sus cuentos, el hecho de que sus historias sean a la vez cotidianas y únicas, que los personajes nos parezcan tan reales, que haya tanto que asimilar en tan limitado espacio, y que a la vez sea tan admirablemente sencillo de asimilar si se hace una lectura atenta, es, precisamente, el resultado de haber puesto toda su voluntad y su talento en contarnos una historia de la mejor manera posible (… y Bego, y Aisha, y Santi, y Loren, que sueña en verde, y Carmen, que es soñada, y Arturo, que ha empezado a hacer deporte y se masturba metódicamente todos los días, muchas veces sin ganas, y Victoria, que duerme en la arena de su isla griega sin más toalla que su piel y admira su cuerpo en el espejo…).

Se ha dicho que la prosa de Ariza es transparente, que está exenta, según palabras que le dedicó el escritor Francisco Ortiz a su primer libro, Elefantiasis, de retórica y figurines, de florilegios tramposos (o eso que llamó Juan Marsé prosa-sonajero), y es completa y gozosamente cierto; no rehúye tampoco la prosa poética, pero con el mismo sentido de eficacia narrativa: decir más de lo que se está diciendo, pero sin oscurecer la narración, sin pretender solemnizar un estilo por encima de la historia (… y Belén, que se duchará la tristeza y se peinará las ganas de contarle a su marido que ya no le quiere…). Sus cuentos, en cualquier caso, rechazan la lectura apresurada y superficial, porque cualquier palabra puede ser un indicio anticipado del desenlace o establecer las razones de un gesto, de una renuncia, de un acto de violencia, de un desengaño o de una nueva ilusión. Que la mayoría de los cuentos se desarrollen en presente o antepresente de indicativo determina, además, que narrador, personaje y lector se citen en el mismo instante y el mismo lugar, que unos y otros convivan en la inmediatez de la historia, que contar y leer sea tanto como observar desde la más absoluta complicidad (… y Susana, y Anne, y Félix, y Patricia, y Teresa, que se marchó con los niños, y Rubén, que ha tenido que abandonar su casa y pasó la última Nochevieja en casa de sus padres, durmiendo en la pequeña cama que fue suya de crío, y también Fanny, que ha conocido a un alma gemela...).

En los magníficos relatos de Raúl Ariza cabe la descripción física –nunca gratuita-, cabe la rutina y lo excepcional, caben todas las horas del día, todas las estaciones del año, el sexo sin prisas pero sin emociones, las consecuencias de la agresividad, caben los triángulos sentimentales (… y Rafa, Adela y Cris, y Enrique, Raúl y Bárbara, y Víctor, Daniel y Belén…), cabe la pérdida y el encuentro, el anciano que agoniza y el adolescente que oye llorar a su madre todas las noches, todo ello con una mezcla de sensibilidad y dureza, como hábilmente se anticipa en la cita de Raymond Chandler que abre el libro, pero sobre todo con la penetración en el alma humana –tan difusa ella, a veces- de quien sabe mirar a su alrededor y reconocerse entre iguales, pues casi todos coincidimos, antes o después, en algo que señaló acertadamente Pessoa (no el ficticio de la novela de Saramago, sino el real, el autor del Libro del desasosiego): “Al final de este día queda lo que quedó de ayer y quedará de mañana: el ansia insaciable e inúmera de ser siempre el mismo y otro”.

Y así suena en el Loser uno de sus cuentos:




La suave piel de la anaconda está publicado por la editorial Talentura

Foto: JFH

16 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Mientras la anaconda serpentea por librerías y ferias del libro a la espera de que un día me roce con su suave piel narrativa y me deje seducir por su tentador oficio de ofidio, mantengo una relación lector-autor con Raúl, ligada a la amistad surgida en esos mundos virtuales paralelos (a modo de 5ª dimensión cibernética) llamado Facebook, donde cada día de la semana -incluidos sábados, domingos y fiestas de guardar- nos regala una breve y originalísima reflexión poética que sus amigos siempre esperamos con impaciencia.
Yo me he permitido enlazarle en su muro tu espléndida reseña.
Y como no estás en Facebook, te transcribo, como botón de muestra, su "poedía" de hoy

No soporto tener que
imaginarte, no tenerte,
inventarte
y obligar a este lunes
a aguantar la tediosa
locura de no verte.


Un abrazo, Juan

Lo Siento por Interrumpir dijo...

Qué maravilla!!! La propia reseña es literatura.

José Luis Martínez Clares dijo...

He visitado el blog y creo que me quedaré por allí algún tiempo. Del libro, todo son ya grandes expectativas. No se puede reseñar mejor y con más certeza. Casi escucho el susurro de las palabras que serpentean. Abrazos, amigo Juan.

Francisco Machuca dijo...

No he tenido todavía la oportunidad de leer el último libro de Raúl,pero sería capaz de escribir sobre él sin haberlo leído.Sus temas constantes:la soledad,la incomunicación,la pérdida,el desarraigo,etc,pero lejos del pesimismo que tanto caracteriza su literatura se encierra un enorme iceberg de pasión por parte de un autor personalísimo.Puede que algunos piensen que Raúl escribe siempre lo mismo y salgo en defensa de elle.Hay escritores que escriben siempre el mismo libro. Eso es un síntoma de genialidad,de personalidad.
Excelente texto,amigo Juan.La foto parece tomada en Arizona,lugar de serpientes que cambian de piel bajo un sol infernal.

Un fuerte abrazo,amigo.

ethan dijo...

Ahora mismo no recuerdo haber leído una reseña mejor de un libro.
De acuerdo contigo y con Francisco: Raúl ha conseguido un estilo propio, inconfundible y personal. Es decir, ha alcanzado lo más difícil en un escritor.
Un abrazo!

abril en paris dijo...

Los que pasamos por el Loser nos quedamos hasta el cierre por ésto y por más.
Se entiende y se lee más allá de lo escrito Juan.
Felicidades por ésto y por extender la amistad.
Felicidades a Raúl tambien, que nos envuelve en su mundo y nos conmueve.

Un abrazo

mi nombre es alma dijo...

Que voy a añadir... una reseña perfecta y una voz fantástica. Reseña que ya he incluido en la página web del libro, faltaría más.

Juan Herrezuelo dijo...

Gracias a todos, amigos. He intentado hacer justicia al libro de Raúl, al que casi todos, sino todos, leéis desde hace más tiempo que yo, y por tanto lleváis más tiempo disfrutando de su literatura. Se trata de transmitir las emociones que uno ha sentido leyendo un libro, compartirlas. Lo llevo haciendo toda mi vida, desde niño. Con más motivo si se trata de la obra de alguien a quien tanto aprecio ya, aun sin conocerle todavía personalmente.
(La foto está tomada en las proximidades de los Genoveses, en el parque natural Cabo de Gata-Níjar: quise que durante un día la anaconda se sintiera más anaconda en libertad, se enroscara al tronco de un agave, oteara la playa allá a lo lejos, se sintiera sola de un modo privilegiado, como se siente uno cuando está en un paraje tan bello y tan en silencio).
Abrazos.

Miguel Sanfeliu dijo...

Excelente reseña, Juan. El libro es francamente recomendable. Este viernes tengo el privilegio de acompañar a Raúl en su presentación en Valencia y ten por seguro que estarás con nosotros. Un abrazo.

Francisco Ortiz dijo...

Reseña y homenaje, y también nueva manera de presentar un libro en la red en un blog personal. Con todas las buenas palabras, y en el mejor sentido, te has lucido, Juan, y has sacado a pasear un libro que siempre te deberá un poquito desde ahora. Un libro que es el de un autor de los de tu senda, de los de tu camino de autores que van creciendo y haciéndose cada vez más indispensables en estos tiempos de ligereza y literatura precocinada.

V dijo...

El homenaje fabuloso está a la altura de lo escrito. Un auténtico privilegio para Raul leer tan estupenda reseña, repleta de atenciones y sabiduría al reseñar admirablemente letras que lo merecen.
El cuento me encanta, y su forma de modularlo,de narrarlo se acopla como un guante a la historia.

Raúl dijo...

Ya no quiero ser yo, Juan, si no lo que has escrito sobre mí.

Gracias, gracias, gracias...

Raúl dijo...

... Y qué decir de tu voz y de tu ejercicio de declamación. Colgué el audio en Facebook y, como puede atestiguar Miguel Cobo, me las tienes a todas enamoradas.
Sonrío.

Juan Herrezuelo dijo...

RAÚL: Yo lo que quisiera es darme el "pequeño placer" de veros a
SANFELIU y a ti "anacondear" en público mañana viernes, y de paso
encontrarme entre los asistentes a MACHUCA, a ORTIZ, a COBO... Ya te imaginas. Seguro que el acto (el acto, qué palabra) de Valencia resulta inolvidable; confío también que tu libro tenga el largo recorrido que sin duda merece.
Facebook no uso (al menos por ahora): no sabría encontrar tiempo. Me agrada mucho, eso sí, saber que amigos y familiares me llevan de vez en cuando a sus redes sociales, porque en una de éstas cae uno en la "invisibilidad" absoluta, expresión que le oí el otro día a un experto en relación con estas cuestiones.
Un fuerte abrazo.

Mita dijo...

Raúl es exactamente lo que tú has escrito sobre él. Enhorabuena
Besos

Juan Herrezuelo dijo...

MITA: Bueno, en realidad aún nos estamos conociendo, pero sin duda Raúl y yo estamos en la misma frecuencia. Gracias por tu visita. Un saludo.