jueves, 4 de septiembre de 2014

Otis «Bad» Blake, un corazón loco


El último ilustre perdedor en llegar a este Hall of Loss, este modesto Salón de la Derrota que ha ido creciendo en las paredes del Loser, es «Bad» Blake (Crazy Heart, 2009), una leyenda del country, el que fue y sigue siendo, a pesar de todo, el «Domador del Amor», 57 años y una voz áspera, de cuero sin pulir, voz de garganta curtida en humo de cigarrillos, turbia de ceniza y vapores etílicos; con cuatro matrimonios a la espalda y un hijo del que nada sabe desde hace veinticuatro años y un puñado de discos que alguna vez fueron un éxito. «Bad» anda metido en una gira en solitario por seis estados, un mes, quinientos kilómetros entre un pueblo de mala muerte y otro pueblo de mala muerte al volante de Bessie, la fiel Chevy Suburban del 78, sentado sobre el hormiguero volcánico de sus almorranas y con una botija de plástico a mano para mear: Arizona, Nuevo México, Texas, carreteras poco transitadas, grandes paisajes, el aire entrando fresco y alborotador por la ventanilla de la camioneta, lo más parecido a un hogar que tiene ahora, un hogar en constante movimiento, cargado de discos y partituras, y un par de guitarras, y un amplificador Fender Tremolux, y algo de ropa más o menos limpia con la que salir al escenario, y qué escenarios, una puta bolera, un piano-bar, sitios así: su agente le va cerrando los contratos y se los comunica por teléfono mientras ambos esperan que ocurra algo que le permita remontar el vuelo.

Porque, amigos, la carrera de «Bad» Blake no va hacia ningún sitio ahora, y no es por eso que bebe -whisky McClure, una marca que solo existe para este corazón loco-: bebe porque ha bebido siempre, porque es lo que hay, canciones, carretera y whisky, y es así que el viejo «Bad» está realmente hecho polvo, y llega a un lugar de estos, y baja de Bessie, se desentumece, se abrocha los vaqueros, acepta indiferente que el responsable del local y los críos con los que tocará le traten como si aún siguiera siendo una estrella de la música, deja pasar el tiempo tumbado en camas de motel esperando que llegue la hora del concierto, con un cigarrillo en los labios y un vaso apoyado en el pecho, y luego canta country blues delante de la parroquia y libera el odio –sweating out the hate, dice en su última canción-, tal vez borracho, tal vez empapado en sudor, tal vez interrumpiéndose para vomitar en el patio trasero, sí, pero siempre con ese algo que le hace especial, capaz aún de llevarse cada noche a una lugareña a la cama o de ruborizar con una ronca galantería a la joven periodista a la que concedió una entrevista, qué feo es este cuarto a tu lado, le dice, no me había dado cuenta de que era un tugurio hasta que entraste; y lo cierto es que la chica hubiera podido ser el amor de su vida, sin duda, qué diablos, de modo que aunque tarde ya –eres el hombre que arruinó su mundo, you are the man that ruined her world-, lo mejor es recoger tu loco corazón y darle una oportunidad más, pick up your crazy heart and give it one more try, dejar de beber y componer esa canción para Tommy Sweet, «The Weary Kind», la mejor canción de tu vida.


Crazy Heart, Corazón rebelde en España -y no loco, vaya a saber por qué-, es una película modesta, que no nos cuenta nada nuevo y que seguramente no hubiera llegado muy lejos de no ser por la maravillosa interpretación de Jeff Bridges. Si hemos de ser justos, interpretación es sólo una manera de hablar: Bridges es «Bad» Blake, no lo interpreta. Éste es uno de esos casos en que parece que toda la carrera de un actor, una carrera muy notable, por lo demás, ha sido una forma de ir haciendo tiempo hasta alcanzar la edad adecuada para convertirse en el personaje de su vida, y hacerlo con toda la sabiduría y la naturalidad acumulada a lo largo cuarenta años y decenas de películas. Y sabe de losers: Si nos olvidamos de un par de títulos iniciales, su primera película destacable fue la última película, o dicho de otro modo, The Last Picture Show, de Peter Bogdanovich, 1971, pura atmósfera decadente en blanco y negro, para, a continuación, coprotagonizar una de las cimas del cine de perdedores, Fat City, de John Houston, historia de ambiente pugilístico donde hay maduros boxeadores que mean sangre y aspirantes inexpertos.

Bridges es un tipo que va por libre en Hollywood. No es una estrella en el sentido que le damos a esa palabra, principalmente porque no ha querido serlo. Tiene un puñado de buenas películas en su filmografía, de todos los géneros; cae bien siempre: es Mr. Nice Guy, el Señor Tipo Agradable. Antes de este corazón loco con sonido country fue, en 1992, un corazón roto en American Heart, donde componía un duro papel de padre ex convicto y drogadicto. Pero de todos esos variados personajes que ha encarnado, hay dos que parecen haberse fundido para dar vida a «Bad» Blake: el primero es Jack Baker, uno de los dos Fabulosos Baker Boys, pianistas de ambiente instalados en una carrera sin brillo: Jack es, de los dos hermanos, el carismático y atractivo, el que hubiera preferido tocar jazz y arrastra un aire de resignada capitulación de hotel en hotel (Steve Kloves, 1989). El otro es el imperecero Jeffrey Lebowski, «The Dude», «El Nota», un tipo sin oficio ni beneficio, desaseado, pasota, jugador de bolos, fumador de maría, bebedor de cierto mejunje llamado ruso blanco (vodka, licor de café y nata líquida), que se ve involucrado en una historia muy Raymond Chandler y acaba espolvoreado de las cenizas de un amigo (Joel Coen, 1989).


Revisando la lista de actores ganadores de un Oscar he de remontarme muy muy atrás en el tiempo para encontrarme con alguno que lo mereciera tanto: no hay un ápice de forzamiento, de impostura, en la manera en que Bridges encarna a «Bad» Blake. Bastaría imaginarse a un Daniel Day-Lewis, a un Sean Penn, a un Russel Crowe, a un Kevin Spacey  o un Nicholas Cage o un Jack Nicholson o un Pacino mismos metidos en la piel de este cantante country para darse cuenta de lo manierista que hubiera podido resultar, lo escandalosamente borracho, lo patéticamente acabado. Esa no es la forma en que Bridges le da vida: Jeff Bridges es absolutamente creíble, más incluso de lo que hubieran llegado a serlo Johnny Cash, Willie Nelson o el gran Kris Kristofferson, de quien, dicen, pudo Jeff Bridges tomar parte de su aspecto. Bueno, quién sabe.


20 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Yo leo estas cosas y, después, se me hace imposible abrir la Fotogramas. Eres único hablando de cine porque creas una película partiendo de otra y, claro, ahora me muero de ganas de ver a Bridges y no lo tengo a mano. Un abrazo

Francisco Machuca dijo...

Precioso texto. Bridges ha envejecido bien. Al final ha acabado pareciéndose (físicamente) a Kenny Rogers y a Kris Kristofferson; rostros de la vieja escuela americana del extrarradio.

Abrazos,amigo.

abril en paris dijo...

Las pequeñas historias o simplemente las que el cine nos cuenta una y otra vez se hacen grandes cuando gente de la calidad de Bridges las interpreta o las interioriza hasta que las hace "creíbles".
¡Qué tipo éste hombre, qué pinta tan estupenda y a la vez que bien entra en la piel de los perdedores! y además canta.

Y estoy con los amigos comentaristas, ¡qué bien nos lo cuentas, Juan !

Besos

U-topia dijo...

Me uno a los demás comentaristas, un placer leerte.

Qué maravilla cuando en una película confluye todo lo bueno que el cine puede darnos sin necesidad de presupuestos de escándalo o interpretaciones pasadas de rosca como las tú mencionas. Me gusta Bridges y me gusta el country cuando canta, con tristeza lenta, una vida llena de pérdidas.

Un abrazo!!

xalons dijo...

No me pareció una gran película cuando se estrenó (uf, ya hace 5 años) pero la interpretación de Jeff Bridges es mayúscula. En mi comentario (http://cdecine.blogspot.com.es/2010/03/crazy-heart-corazon-rebelde-2009-scott.html) la comparé con la de Mickey Rourke en "El luchador". Bridges ganó el oscar y Rourke se quedó a las puertas.

Marcos Callau dijo...

Como dice Machuca, me recuerda a Kenny Rogers (solo físicamente), otro grande. Bridges está entre los inolvidables del country. Grande!

Juan Herrezuelo dijo...

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ CLARES: Yo tuve mi época Fotogramas, entre finales de los 80 y comienzos de los 90; después "me quité" como quien deja el tabaco y hasta ahora. Si decides ver Crazy Heart hazlo el versión original, disfrutarás plenamente de la interpretación de Bridges. Un abrazo, amigo.

Juan Herrezuelo dijo...

FRANCISCO MACHUCA: Me gusta mucho Kristofferson: es un duro-duro. El mejor Billy the Kid y estupendo en esa película maldita entre las malditas, "La puerta del cielo", que a mí me gusta mucho (ahí coincide con Bridges, por cierto). Escribió esa maravillosa canción de "Fat City", que luego cantó hasta Elvis. Incluso en esa rara versión de "Ha nacido una estrella", con Streisand, está bien. Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

ABRIL EN PARÍS: Jeff Bridges es la credibilidad absoluta; estupendo en casi todo, desde ese "El amor tiene dos caras", con Barbra Streisand y una impagable Lauren Bacall, o Tucker, de Coppola, o en los ochenta un thriller de Sidney Lumet con Jane Fonda titulado "A la mañana siguiente", o hace menos años una película muy melancólica con Kim Bassinger, "Una mujer difícil"... Una larga carrera, y siempre bien. Un tipo fuera del sistema Hollywood, casado con la misma mujer desde los setenta, tranquilo, decente, creativo: igual dibuja que canta que fotografía (tiene una página web muy divertida, muy personal). Un beso.

Juan Herrezuelo dijo...

U-TOPIA: Yo agradezco mucho esa frescura en su interpretación: imagínate a De Niro, la pura exageración, haciendo este papel. También a mí me gusta el country, sobre todo cuando tiene algo de blues, como en el caso de los temas de esta película. Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

XALONS. Se compara mucho ambas interpretaciones, la de Rourke y esta, porque las dos convirtieron en importantes películas muy modestas. Lamentablemente, la de Rourke no fue premiada con el Oscar: se cruzó un Sean Penn haciendo de líder homosexual, con una interpretación muy pasada de vueltas, completamente olvidable. Supongo que influyeron factores ajenos al cine.
Voy rápido a ver qué escribiste sobre Crazy Heart.
Saludos.

Juan Herrezuelo dijo...

MARCOS CALLAU. Hasta esta película, conocíamos a los cantantes country por sus incursiones en el cine, sobre todo, y con Bridges ocurre al contrario: descubrimos un cantante country en un actor. (¡Qué maravillosa "You are so Beatiful", de Kenny Rogers!)
Abrazos.

Marisa dijo...

Acabo rendida ante tu crítica cinematográfica. De lujo, Juan.
Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

MARISA: Muchas gracias.Cuánto me alegro de saber de ti. Voy raudo a darle un bocado a tu manzana literaria. Abrazos.

Isidre Monés dijo...

Magnífico, Juan.
Las películas en particular y el cine en general, necesitan de esa literatura.
El cine cuenta cosas, como el teatro, la novela y la poesía.
Y eso es bueno recordarlo hoy, cuando acabo de oir que ha aparecido en el mercado el videojuego más caro de la historia, vaya, que ha costado más que una gran película ,!EL PRODUCTO CULTURAL MAS CARO DEL MUNDO!
Esperaba oir que alguien me contara de que iba el juego y he tardado horas en saber que iba de defender a tiros la ultima ciudad del mundo.
En fin, algunos (y mandan mucho)prefiere que se juegue a que se lean o se visionen historias reales o no.
Otros (tambien mandan mucho) quieren que mientras unos matan de verdad, en Occidente los chicos y no tan chicos,"JUEGUEN" a matar o a defenderse.
Nunca he jugado con un videojuego.
Nunca he echado perras a una maquinilla de bar.
Nunca he ido a un bimgo ni a un karaoke.
Seré aburrido, pero que nadie crea que he perdido el tiempo.
Felicidades, buscaré la película.

Mara Miniver dijo...

Pues recuerdo la época en la que esta cinta recogía premios, pero no me llamaba mucho la atención. Pero tienes razón, Jeff merece siempre la pena, así que ahora que me la has recordado voy a ponerme con ella.

Un saludo.

V dijo...

Te ha quedado el texto redondo Juan...y además comparto casi por completo tu opinión. Jeff está a un paso de la sobreactuación, rozando la línea roja, que yo creo, como tu, que no termina de sobrepasar, salvo en un par de momentos.
Y efectivamente, generoso te veo, y no mer parece mal, ya que la película es justo lo que tu has dicho, modestita y de corto recorrido.
La salvan los interpretes, sus miradas, sus gestos, ya que el catálogo de tópicos sobre el perdedor es de aupa.
Pero ello no impide el disfrute. Ese momento en que va a dedicar una canción a un maduro matrimonio y pasa lo que pasa es el resumen de la película...que tiuene excesos y tópicos, pero se los perdonamos todos. Como hace la pareja, que pese a no cantar la canción por exceso etílico, se lo agradece igual. Estupendo texto. Un abrazo

Juan Herrezuelo dijo...

ISIDRE: Leí lo del videojuego: ya que se le tilde de “producto cultural” me suena chocante, pero sé que se promueve el que sean considerados entre las bellas artes; que como tal sea el más caro de la historia define el momento que nos ha tocado sufrir; que sea de tiros entra dentro de la lógica de esta violencia sorda que se acumula debajo de nuestra sociedad del bienestar. Hace unos días leí comentar a una locutora de radio la noticia de que según una encuesta sólo un 16 por cuento de los jóvenes españoles estaría dispuesto a defender a su país con las armas, y dijo –y lo dijo en serio- que a su parecer no se les había planteado bien la pregunta a los encuestados, que se les tenía que haber situado en un contexto que pudieran entender, y ese contexto era el siguiente: si invadieran tu país y los invasores te cortaran internet, ¿estarías dispuesto a defenderlo con las armas? Qué grotesco todo, Isidre, que cul-de-sac histórico.

Juan Herrezuelo dijo...

MARA MINIVER: Creo que todos los premios fueron para Bridges, salvo los que se llevó la banda sonora, que es estupenda, por cierto. Y sí,llevas razón, no recuerdo una interpretación del bueno de Jeff que no merezca la pena. Saludos.

Juan Herrezuelo dijo...

V: Gracias, Víctor. Es una película que respira modestia por cada plano de su piel, y que sin Bridges podría haberse quedado en uno de esos telefilmes de sobremesa. Pero hay interpretaciones que salvan un film, que lo elevan, incluso. Steve McQueen sabía cómo hacerlo, y si no suena a herejía (The King of Cool es uno de mis ídolos absolutos), Bridges es de esa estirpe. Para mí no hay mejor interpretación que la que se asoma al exceso, pero no se llega a abismar en él. Por perdonarle, a Bridges le perdono hasta haberse puesto el parche y las botas de Rooster Cogburn: ¿puede haber mayor osadía que hacer un remake de John Wayne? Abrazos.