domingo, 5 de junio de 2011

Edades

Estos primeros días de junio, quien esto escribe superaba en edad a Francis Scott Fitzgerald, en tanto que su hija alcanzaba los ocho años que no le permiten ya, de acuerdo con las ordenanzas municipales debidamente señalizadas, seguir haciendo uso de los juegos instalados en el parque infantil al que acude desde que empezó a andar; circunstancias ambas que bien merecen un aparte.
Papá 2009. Aida Fernández
En febrero de 2006, ella y yo llegamos a un acuerdo: todos los años, por las mismas fechas, me haría un retrato. En 2009, como puede apreciarse, me inmortalizó disfrazado de bombero. ¿Se había dado cuenta ya de mi tendencia a ser varios y mal avenidos, a multiplicarme en identidades disímiles, a ocultarme en el desdoblamiento? Cuando cumplí doce años, un desorientado profesor puso en antecedentes a mi padre de lo que al parecer constituía un rasgo preocupante de mi carácter: tenía varias maneras de escribir, de tal manera que le era imposible identificar mi caligrafía entre la caligrafía de tantos. He sembrado mi vida de pistas falsas: he jugado a combinar mis dos nombres y mis apellidos de todas las formas posibles, y para cada una de esas variantes hay como una existencia distinta, un yo que se repitiera en un laberinto de espejos; puedo lucir barba o no, llevar gafas o no llevarlas, estar eufórico o taciturno. Sólo un detalle he sido incapaz de modificar: mi altura. Resulta difícil explicar que no siempre desea uno ser quien peor disimula su presencia. En eso me ganó por la mano el detective Philip Marlowe, el único personaje -que yo tenga noticia- que ha sido capaz de parecerle alto y bajo a otro personaje.


(Al comienzo de la novela El sueño eterno, de Raymond Chandler, leemos este diálogo:
        -Es usted muy alto – le dice Carmen Sternwood.
        -Ha sido sin querer – responde Marlowe.
En la versión cinematográfica, la estatura de Bogart no permitía mantener el insinuante juego en los mismos términos, de manera que el diálogo quedó así: 
        CARMEN (Martha Vickers): No es usted muy alto, ¿verdad?
        MARLOWE (Bogart): Hice lo que pude.)


Ella
Ahora bien: quisiera quedarme en una única identidad sin ficciones, la del padre en que ella me convirtió apenas seis horas después de que en nuestra zona horaria acabara mi trigésimo séptimo cumpleaños, ser el que ella necesita, merecerla, ganarme de verdad cada una de sus sonrisas, retener la magia que ejerce en mí sin que la trampa y el cartón en que vivimos los adultos me distraiga de su estar en el mundo y ser única y perfecta, maga natural, maga sin dobles fondos ni prestidigitación, maga de nacimiento, maga siempre cruzando el puente entre el pasado y un futuro que será ella pero ya no niña ni tan nuestra, será la forma en que siga siendo ella pero moldeada por dentro y por fuera a cada minuto, creciendo ante nuestros ojos tan despacio y tan rápido a un tiempo, tan sutilmente pero tan cierto, de pronto un gesto que no le conocía, una nueva canción y su forma atropellada de cantárnosla, una predisposición a la teatralidad; de pronto, como un extrañamiento, la sensación de que es más alta que ayer, más estilizada, el boceto de la que acabará siendo sin que nos demos cuenta, y cada instante que la miramos es irrepetible, y cada instante de su vida que me pierdo es del todo irrecuperable.


Aquí está, sobre estas líneas, asomada a su rayuela: yo la releo, ella las juega y vive, yo admiro su técnica narrativa, ella asciende a sus alturas horizontales y desde allí atisba el desasosegado quehacer de los mayores, que viven, que vivimos sin que al parecer nos demos cuenta ya de lo maravillosa que es la vida. Ojalá ella no lo olvide nunca.
Foto: JFH

17 comentarios:

Miguel Cobo dijo...

Maravillosa y cortaziana forma de completar las tres en raya con que nos has imantado durante los últimos días. No hay duda, encontraste a tu maga. Aida hará lo que pueda para conservarte la ingenua mirada de padre, recreada ante el pactado retrato anual.

Que así sea.

Un abrazo

Marcos Callau dijo...

Es precioso tu relato de hoy, lleno de una entrañable sinceridad y de un cariño que, imagino, solo un padre puede sentir. Me ha encantado cuando has recordado a mi admirado Raymond Chandler y so obra magna, "El sueño eterno". El dibujo me ha parecido genial... jejeje. Un abrazo

Myra dijo...

Hola, Juan. He disfrutado con tu trilogía sobre la Maga y me alegra saber que encontraste a la tuya. Mi Maga también acaba de cumplir años..
Sobre lo de la altura, imagino que conoces la anécdota sobre Tracy y Hepburn:

Le dijo Kate a Spencer: " Me temo que soy un poco alta para usted, señor Tracy"
A lo que Tracy respondió:"No se preocupe, señorita Hepburn. La pondré a mi altura".

Espero que Aida esté orgullosa del papá que le ha tocado en suerte. Preciosa esa declaración de amor a "Ella".

Me temo que a Abril le ha salido una firme competidora..

Un beso

Marisa dijo...

Preciosos dibujos bidireccionales entre un padre y "su maga". Ella te dibuja más por dentro que por fuera, según observo en el retrato que te hace (entrañable), y tú la dibujas con unas maravillosas palabras. Ambos dibujando la rayuela de la vida, el tobogán de los sentimientos, el juego de los latidos enumerados y enmarcados en trazos de tiza blanca.

Tu texto es entrañable, Juan. Hermosísimo. Le gustará.
Un abrazo.

Luzdeana (Diana H.) dijo...

Imposible no identificarme con tu texto y relacionarlo con mis dos "magas".
Cuánta ternura amalgamada con incertidumbre nos despiertan nuestros hijos. Qué suerte tiene Aída de recibir el regalo de tus palabras. Y nosotros de poder compartirlo.
Un abrazo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Un texto entrañable. Los hijos nos obligan a tomar conciencia del paso del tiempo. Vemos que la infancia pasa deprisa, sin que podamos hacer nada por retenerla. Mi hija mayor ha terminado el colegio, prepara el selectivo, y aún no me he hecho a la idea.
He leído también tus dos textos sobre un libro irrepetible y la musa en que se inspiró; y quiero decirte que por textos así es por lo que prefiero el formato blog a cualquier otro. Excelentes.
Un abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

Gracias, amigos, por aceptar este juego.

MIGUEL COBO, ella es la magia, sin duda y sé que mientras siga siendo niña seguiré creyendo en el valor supremo de la inocencia.

MARCOS: Llevo años contando esa anécdota del cambio de altura de Marlowe, y me ha divertido mucho ponerla por escrito. De Chandler yo prefiero “El largo adiós”, una novela que le sitúa a la altura de los mejores escritores estadounidenses.

MYRA: Mi Maga, como sin duda la tuya a ti, me ha puesto a su altura. Queda tanto que hacer que por ahora sólo espero su cariño y su respeto, sin los cuales no podríamos tener una relación fructífera padre-hija. Hoy es ella la que me hace sentir orgulloso a mí. Y ya me gustaría que llegara a dibujar como Abril…

MARISA: Yo creo que los niños ven por dentro a los adultos de manera natural, sin prejuicios, como si fuéramos transparentes para ellos… ¡Pero no nos lo cuentan!

LUZDEANA: Para ellos se vive, ¿verdad?

MIGUEL SANFELIU: Yo creo que en nuestros hijos está también el descubrimiento de nuestros padres. De pronto empezamos a contar el tiempo a partir del recuerdo que de ellos tenemos cuando nosotros teníamos la edad que nuestros hijos van cumpliendo, y así llega el fatal “parece que fue ayer”, tan real.
Y sí, yo he llegado más tarde que cualquiera de vosotros a este formato, y no sólo he disipado toda reticencia previa, es que he descubierto que se ajusta como un guante a mí.

Un abrazo muy caluroso a todos.

Marián dijo...

Acabo de aterrizar sobre tus letras. Sólo he leído este fragmento. Me parece muy sugerente y creo que tiene varias lecturas...dicen que se sabe cuando un escritor es bueno si sabe mentir de verdad...

En cuanto a lo de las alturas y estaturas...claro, Truman Capote ¡cómo ni iba a sacar el tema¡...

Estoy encantada de haber descubierto éste blog...soy aprendiza en esto y mi frase preferida es (siempre lo digo): disfruto aprendiendo.

Un saludito.

abril en paris dijo...

Lei éste texto lleno de amor y me quedé como una boba sonriendo..pero no te dejé comentario..Y ahora quiero hacerlo porque me resulta tan familiar ese sentimiento..el asombro que nos produce otro ser que nos mira con nuestros ojos pero que son los suyos....nos miramos en nuestros padres buscamos en nuestros hijos presentes o futuros y finalmente todo es una continuación de nosotros mismos un deseo de ser "inmortales"
Hay personas que nos provocan el deseo de ser mejores y nos llenan el corazón de infinita ternura.

¡ Me encanta esa rayuela y tu Maga!

Un beso para los dos ! :-D

Juan Herrezuelo dijo...

MARIAN: El escritor se mueve en un terreno donde la frontera entre la verdad y la mentira es invisible.
Por cierto, también yo soy aprendiz en esto. Gracias por posarte en esta rama. Un saludo.

ABRIL: Confiaba en que a ti, especialmente, te gustara este texto. Efectivamente, todos somos continuación de una historia que se prolonga más allá de nosotros. Y sí, aquellos a quienes más queremos hacen que deseemos ser mejores personas, tal y como decía Jack Nicholson en Peor imposible.
Es siempre un placer recibirte aquí.
Un beso de los dos (estoy haciendo de ella una pequeña cinéfila: sus pelis favoritas son Siete novias para siete hermanos y Con faldas y a lo loco)

abril en paris dijo...

¡ Pues tiene un gusto estupendo tu pequeña Maga..! Bueno no sé de que me extraño..de tal palo..:-)

Un besito doble y ¡ gracias !.:-D

Clarice Baricco dijo...

Ay me encantó. Hermoso. Y pienso en mi hija.
Abrazos fuertes.
G

Raúl dijo...

De una sencillez maravillosa, Juan; de una profundidad entrañable. Así leo yo tu texto, entre biográfico y panegírico de un tiempo y un estado, de una edad y de un amor.
Aida dibuja y pinta la mar de bien.

Francisco Machuca dijo...

Maravilloso texto que no quiero ensuciarlo con mis palabras.Se lee y uno se lo queda en su interior.
Un fuerte abrazo,amigo.

Beatriz dijo...

Entrañable, enternecedor.
Lo que nos van dejando los hijos a lo largo de su vida es una enciclopedia de asombros. Son los Mag@s que cada día sacan de su chistera momentos que nos sorprenden y nos alertan. Y de elos aprendemos ese hermoso oficio de ser padres. Un aprendizaje mutuo.
Besos para Aída y que disfrute con el cine.
Saludos

Francisco Ortiz dijo...

Tu altura cortazariana, tu cortazariano bien querer a quienes tienen tu querer.

Juan Herrezuelo dijo...

ABRIL, CLARICE, RAÚL, FRANCISCO, BEATRIZ, PACO: Perdonad que os agradezca vuestros comentarios así, en grupo, pero no quiero robaros un protagonismo que aquí es vuestro. Podéis entender lo mucho que me alegra que hayáis disfrutado, precisamente, de este texto, que hayáis pensado en vuestras magas y magos, si los tenéis, que os gustara el estilo pictórico de quien da sentido a todo cuanto hago o escribo, que guardéis en vuestro interior mis palabras… Qué poco tiempo ha bastado para que os sienta tan pero tan cerca. Un abrazo.