lunes, 20 de junio de 2011

El Loser: sus habituales (2)


Cada vez con más frecuencia llegan al Loser hombres y mujeres que no se sienten del todo libres ahí fuera, que tienen la perturbadora impresión de estar siendo observados y conducidos de manera imperceptible pero inequívoca. Uno de ellos, un tipo a medio camino entre los cuarenta y los cincuenta, utiliza la expresión «pastoreados», y no hay un ápice de sarcasmo en su voz cuando lo dice. «Ovejas en un aprisco somos, en el redil de las ciudades, donde nos han ido trayendo desde todos los pueblos ahora despoblados porque aquí es mucho más fácil controlar al conjunto de la ciudadanía, como nos dicen, el rebaño juntito y no por ahí, diseminado, cada cual cerca de un bosquecillo, de una montaña, a la orilla del mismo río al que nuestros abuelos y los abuelos de nuestros abuelos bajaban a por agua; no, no, no, encerraditos en la ciudad y callados y cada tanto deslanados, que para eso somos todos consumidores y clientes y prestatarios y administrados, eso que pomposamente se llama ciudadano y se resume en alguien gastando su dinero, moviendo los engranajes de este bienestar nuestro que es ruido ensordeciéndonos y vatios impidiéndonos ver las estrellas y horarios cortándonos la vida a la medida de otros y un parque con papeleras para que no sintamos nostalgia de la naturaleza perdida». Y el tipo calla, toma otro trago de cerveza, luego mira de reojo hacia la puerta y se siente seguro aquí dentro (cualquiera puede notarlo, y eso es lo que resulta tan inquietante, si se piensa bien).

- Y no es por esto, ¿vale? –dice, soltando ahora una bocanada de humo y levantando el cigarrillo que acaba de encender-. O no es sólo por esto, quiero decir. Lo que llamamos libertad, con mayúscula y poniendo la voz así, solemne, ya sabes, Libertad, pues no es más que una compleja red de prohibiciones. Hay mil maneras de disimular una prohibición, y unas cuantas de reprimir su desobediencia. Mira esa gente, los del Quince Eme, los indignados: ya tienen su Cojo Manteca. Al final siempre hay un Cojo Manteca, que no se sabe de qué lugar sale, pero que donde había un movimiento reivindicativo y pacifico pone su conveniente alteración del orden público, rompiendo semáforos con la muleta o increpando a los políticos y tratando de impedir su acceso al Parlamento, forzando su llegada en helicópteros, desacreditando toda buena intención, qué otra cosa les queda a los excelentismos e ilustrísimos y honorabilísimos que pronunciar un hasta aquí hemos llegado con el ceño fruncido. ¿Que no sabes quién fue el Cojo Manteca? ¿La huelga de estudiantes del ochenta y siete? ¿No? Yo estaba allí, pero en provincias, claro, que es donde los líderes estudiantiles nos quedamos con el culo de la última asamblea al aire mientras en Madrid los nuestros llegaban a un acuerdo. Mierda. Pero para entonces la huelga, el movimiento, la lucha justa, la condenada ilusión que teníamos de estar haciendo algo útil había quedado ya reducido a la imagen de un punki con una sola pierna rompiendo cristales. Es lo mismo, es siempre lo mismo. De modo que... Bah, qué más da. Dime qué te doy.

Y paga, coge su vieja cartera de mano y sale a la calle.

Es entonces cuando otro habitual, un atildado bebedor al que conocemos bien aquí, alza su copa y muy tiesamente masculla con una voz entorpecida por el alcohol, como cada vez que alguien en el Loser se refiere a un acontecimiento de cierta actualidad: «Caballero es aquel que prefiere la última edición de un libro a la primera… de un periódico. Lo escribió Francis Scott Fitz-Fitzgerald, poeta en prosa y... borracho».

Y el barman se encoge de hombros con los brazos cruzados.


Foto: JFH

18 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Pero qué bueno, Juan. La cárcel del "bienestar". Me ha encantado ese final con Scott Fitzgerald. Un abrazo.

abril en paris dijo...

Y es ahí donde muere la ilusión..en un mostrador de bar, recordando.

Siempre nos quedarán los libros y sus "hacedores" para provocar y removernos las ganas de alcanzar las estrellas.

Un beso, un placer leerte de nuevo.

Marisa dijo...

Las lágrimas de R.Tagore convertidas en vatios que, igualmente, no dejan ver las estrellas y decapitan el romanticismo de la vida. Gran filósofo este parroquiano del Loser...
Ayer sentí tristeza porque vi vagar a la libertad buscando su propia libertad, que ella tiene la fama de ser libre pero otros cardan la lana de ese "borregueo" consuetudinario impuesto y aceptado subliminalmente.

Excelente, Juan. Cuida a tus habituales del Loser, que son verdaderos filósofos "juanmairenianos" de los acontecimientos que atesora la historia.
Más que un placer leerte.

Un beso.

Myra dijo...

Hola, Juan. Cuánta vida se escucha detrás de una barra, verdad?. Cuántas ilusiones, frustraciones, denuncias, alguna que otra lágrima. Cuánta utopía inalcanzable y deseosa de ser escuchada.

Me gustan estos habituales del Loser y me gusta cómo nos cuentas sus entradas y salidas de ese Loser.
Un beso.

Miguel Cobo dijo...

En vista de la escasez de pastos y de la impericia del perro ovejero, el rebaño ha decidido echar al perro y poner al lobo al cuidado de las ovejas.

¿Delirium tremens?

Un abrazo, Juan

Juan Herrezuelo dijo...

MARCOS: Perfectamente descrito: la cárcel del bienestar. Y habrá –hay- quién diga: ¿y por qué te quejas? Me quejo porque es falso. La cita de Scott es de Hermosos y malditos, su novela que más me gusta. Un abrazo fuerte.

ABRIL: En un mostrador se vela el cuerpo de la ilusión, recordando, sí, pero morir muere en otro sitio, nos la van matando poco a poco, como a Ingrid en Encadenados. Nos quedan los libros: quizá no los tengamos mañana, quizá los perdamos, pero los podemos recuperar hoy por anticipado. Un beso bajo el ruido de motores de avión.

MARISA: Lágrimas eléctricas que pagamos con nuestra libertad, como todo lo demás, como todo eso que nos atamos al alma igual que nos atamos el grillete del tiempo a la muñeca. Es hermosa y triste esa imagen de la libertad buscado su propia libertad. Los parroquianos del Loser son los exiliados de todo sueño derrocado. Siempre un placer recibirte. Un beso.

MYRA: Sólo hay que pegar el oído: cuánta utopía deshecha como humo de cigarrillo, cuánta verdad herida, cuanta lágrima helada tintineando en los vasos. Un beso on the rocks.

MIGUEL: Y el lobo es siempre el mismo: es el cordero que le cede su piel el que cambia. No sé cómo podría llamarse el síndrome de abstinencia de libertad, pero es tremens también. Un abrazo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Los bares, esos refugios.
Lo son, a las buenas o a las malas. Refugios para indignados y para los dignos. Para los que beben y para los que querrían. Porque seguimos pensando que este mundo no es el mejor de los posibles y a veces, ¿a veces?, cuesta enmendar el desatino, el extravio, el vértigo de los que corren y se empujan. Eso pasa. Abrazo, amigo.
Ah, voy a volver a leer al bebedor de Francis.

Javier H dijo...

Lo más doloroso es que somos nosotros los que vamos poniéndonos esas prohibiciones, somos nosotros los que nos vendemos o mejor compramos ese mundo feliz que nos venden. Nosotros los que nos creamos esas falsas necesidades.Por eso tal vez sea mejor ir de trago en trago y de bar en bar, que los buenos barman nunca engañan.

Un saludo

José Luis Martínez Clares dijo...

Juan: el otro día en Bentarique -durante las Jornadas sobre María Zambrano- no tuvimos oportunidad de charlar porque tuve que irme precipitadamente. No obstante, te seguiré en tu blog y ya nos veremos en futuros encuentros literarios. Un saludo.

Francisco Machuca dijo...

Los bares en América y los cafés en España.El último gran bebedor,el último santo bebedor en los bares americanos;Bukowski.Si diseccionamos sus historias y extraemos su filosofía,tenemos una excelente colección de pensamientos a la altura de los cínicos griegos.En España,ni te cuento.Aquí,en Barcelona es imposible beber y filosofar.Beber y escribir,es más,es imposible sentarse junto a una ventana y simplemente mirar.Todos los lugares están repletos de pantallas gigantes y el ruido es ensordecedor.Ya no se puede fumar,claro,es malo para la salud,pero ¿qué me dices de las pantallas en 3D que transmite sin cesar partidos de fútbol?Hoy a Fitzgerald le darían una patada en el trasero,con prosa o sin ella.
Un placer de lectura.
Un fuerte abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

EMILIO: No hay bar que por bien no venga, pero tampoco que cien años dure. Malo es que los dignos tengan que esconderse, y mucho me temo que desatino, extravío y vértigo sean adictivos para demasiados frente a tan pocos.
Un fuerte abrazo, y disfruta del bueno de Scott.

JAVIER: Con cada novedad inútil que compramos nos prohibimos la libertad de vivir sin ella, ésa es la dura verdad. Un abrazo.

JOSÉ LUIS: Desapareciste el sábado antes de poder felicitarte por tu intervención. Te perdiste un maravilloso paseo por un pueblo del que ya estoy perdidamente enamorado. Ya he visitado tus Palabras efímeras; las recorreré con reposo. Un saludo.

FRANCISCO: España está rendida a una soez glorificación del ruido y de la pantalla gigante. Conozco cierto museo arqueológico que tiene gran parte de sus piezas guardadas, supongo que para no desmerecer con su vetustez los impecables recursos audiovisuales. Eso sí, es un remanso de silencio, de modo que aunque no es el sitio perfecto para disfrutar directamente y sin intermediaros digitales de la arqueología, sí lo es para pensar. Malos tiempos para la filosofía, e incluso para el cinismo (aún recuerdo tu texto sobre el perro de Diógenes) si no nos dejan escuchar nuestros pensamientos y si no ansiamos más césped que el del terreno de juego, y eso por la tele.
Un fuerte abrazo, amigo.

Beatriz dijo...

No será acaso la tristeza carencia de libertad del alma?-
No bebo, pero con tanto desatino suelto ganas tengo de entrar a un bar y entre copas "esclavizarme " entre los perdedores.

Hay días que estamos especialmente "inflados" de sensibilidad. Hoy tus palabras me llegan especialmente-

Un abrazo

Juan Herrezuelo dijo...

Querida BEATRIZ: si la tristeza es un sentimiento que nace de la imposibilidad de realizar nuestros deseos o proyectos habremos de entender, efectivamente, que el alma se siente entonces encarcelada en lo que quisimos que fuera y no fue. Un fuerte abrazo.

midala dijo...

Te descubrí ahora mismo y voy a poner a leerme tus relatos. El primero por lo de pronto...ya me gusto!!por lo tanto...me uno a tu grupo de seguidores!!saludos

Juan Herrezuelo dijo...

Encantado de contar contigo, MIDALA, y un fuerte abrazo.

Francisco Machuca dijo...

Mi querido Juan,permíteme que te recomiende un blog extraordinario de uno de los novelistas más importantes del panorama español.Buen amigo y maestro.
Un fuerte abrazo.

http://juanfranciscoferre.blogspot.com/

Darwin Bruno dijo...

Me parece estar viviendo esa historia.

Juan Herrezuelo dijo...

Me quedo con tu recomendación, FRANCISCO. Un abrazo