martes, 31 de mayo de 2011

¿Encontraría a La Maga? (2)

S.S. Conte Biancamano

Sus miradas habían coincidido por primera vez en el salón de tercera clase del Conte Biancamano. Edith, con 23 años, regresaba a Europa para reencontrarse con su padre, del que su madre y ella se separaron poco antes de que comenzara la II Guerra Mundial. Julio, con 36, atravesaba el Atlántico por segunda vez, muchos años después del primer viaje, el que le llevó a la Argentina siendo muy niño aún (el trabajo de su padre había determinado accidentalmente su nacimiento en Bruselas, al comienzo de la I Guerra). Era enero de 1950. A ella le llamó la atención aquel joven alto y delgado que tocaba tangos en un piano, acompañado por otro pasajero.  Hubiera querido que se sentara a su mesa, pero esto no llegó a suceder, y acabada la travesía desembarcaron en Cannes siendo dos perfectos desconocidos y emprendieron caminos distintos. Un tiempo más tarde, sin embargo, Edith le vio al otro lado del cristal de una librería del Boulevard Saint Germain, en París. Él, desde la calle, la reconoció también, le hizo un gesto con la cabeza, tal vez se cruzaron unas breves palabras. El segundo encuentro se produjo en un cine, el tercero en los  Jardines de Luxemburgo, donde prácticamente tropezaron el uno con el otro y Julio decidió que no tenía sentido seguir dándole la espalda a tan evidente cúmulo de coincidencias. Un café, los primeros paseos por las calles de París, la primera cita para otro día. Antes de que Julio regresara a Buenos Aires acudieron a escuchar a Bach, contemplaron juntos un eclipse de luna desde la plaza de Notre-Dame, botaron en el Sena un barquito de papel.

De nuevo en Argentina, Cortázar le escribe a un amigo acerca de su incesante nostalgia europea: “si pudiera irme por siempre allá lo haría sin vacilar (…) me elijo europeo, y me siento un cobarde por no cumplir mi elección. No quiero decir: tal vez un día… porque ésa es la más repugnante de las cobardías. Un día me iré y eso será todo.” Esa oportunidad se presenta a mediados del 51, cuando obtiene una beca del gobierno francés para estudiar diez meses en París. En los preparativos del viaje, sin embargo, se intuye que su voluntad es la de  permanecer más tiempo: las emotivas despedidas, las cartas que echa al fuego, la colección de doscientos discos de jazz que tan arduamente ha ido reuniendo y que ahora vende.

Edith Aron
En París se reencuentra con Edith e inician una relación: recorren la ciudad en bicicleta, acuden a un concierto de Louis Armstrong, enormísimo cronopio, descubren los axolotl en el Jardin des Plantes, recogen de la calle, y posteriormente entierran, un viejo paraguas abandonado. Ella estaba impresionada por su cultura y su creatividad, y de alguna forma él ejercía de maestro con ella.  Pero aquella Navidad Julio se decidió por Aurora Bernárdez, a la que él ya admiraba. Edith lo entendió (“Edith no se engañaba sobre mis sentimientos y en ese sentido nunca nos mentimos”); no fue ésa la causa por la que ella dio por concluida su amistad, ni tampoco el momento.

En los sesenta, Edith tradujo al alemán varios cuentos de Cortázar, así como Historias de cronopios  y de famas; pero surgieron problemas con Los premios y, sobre todo, con Rayuela, cuya traducción, en opinión de Cortázar, no podía ser hecha por ella: “su naturaleza es profundamente anti-intelectual, anti-lógica, es decir, un alma de cronopio (…) nadie traducirá nunca los cronopios como Edith, y en este sentido soy formal y definitivo (…). Ya hace mucho que le dije a Edith en París que ella no estaba capacitada intelectualmente para traducir Rayuela, y tuvimos una de esas escenas que mejor no hablar. No necesito decirte quién es Edith, vos lo habrás adivinado, ¿verdad? Entonces, ¿vos te imaginás Rayuela traducida por ella? (…) En Rayuela la Maga confundía a Tomás de Aquino con el otro Tomás. Eso ocurriría a cada línea…”.

Cuando en 1978 se encontraron casualmente en el metro de Londres (él iba acompañado de Carol Dunlop, su última esposa), Edith aún pensaba que Julio simplemente no había sabido defender su trabajo ante los editores alemanes. Fue años más tarde, leyendo una carta que él le envío al editor Paco Porrúa en el 64, cuando supo sus razones.


Foto: Antonio Gálvez

Edith Aron tenía 80 años cuando la entrevistó, en el 2004, Juana Libedinsky para La Nación, de Buenos Aires, y 81 cuando lo hizo Juan Cruz (¿para El País Semanal? Yo la he encontrado en el periódico argentino Página/12). Esas dos entrevistas, los dos primeros tomos de cartas de Cortázar publicadas en el 2000, con edición a cargo de Aurora Bernárdez, por Alfaguara, y la propia Rayuela, claro está, son las fuentes de este texto.

No tengo constancia de que Edith -y lo que en ella perdure de la Maga- no haya cumplido los 86, y es por ello que en el Loser levantamos nuestras copas y brindamos por su salud.


Foto Conte Biancamano: Fotografía Vera

14 comentarios:

abril en paris dijo...

Qué ameno me resulta seguirte en éste relato sobre ésta historia...Uno no sabe cuándo empieza lo real y termina la ficción o ¿ es al revés..?
Contemplar un eclipse de luna desde Notre-Dame debe ser lo más...yo solo he paseado por alli de dia y con sol, me faltaba al menos la lluvia..:-)

Un beso.

Myra dijo...

Hola, Juan. Has conseguido engancharme a esta historia de La Maga. Encuentros y desencuentros en lugares mágicos para mí.
París, Louis Armstrong,Notre Dame..
Pero yo tengo que preguntarte..Edith es La Maga??.

Me quedo con ésta frase de Cortázar:"No quiero decir:..tal vez una día porque ésa es la más repugnante de las cobardías".


Brindo por Edith, allá dónde esté.

Un beso

Marcos Callau dijo...

Levanto contigo esa copa, Juan y brindemos por la Maga. Desconocía toda esta historia. Muy buena entrada y por cierto, me encanta esa fotografía de Cortázar con el Sena al fondo.

Javier H dijo...

Entro en el Loser con la calma que se requiere tomar una copa con tranquilidad. Allí están, inmejorable compañía Scott y Cortazar. Y alguien que desconozco pero que ya tengo ganas de conocerle, Franciso Ortiz. De Edith Aron compré hace unos meses un librito de relatos, no están mal. El Loser como siempre, buena compañía y nunca ponen garrafón.

Un cordial saludo

Eva BSanz dijo...

Bonjour... Je voulais séduire.
Soy la muerte quien seduce.
Con el beso de la araña.
Soy la muerte quien te atrapa.
Con las garras del infierno.
Soy la muerte quien provocas.
En silencio proclamado.
Soy la muerte quien te arranca.
El aliento de tu Alma.
Bonjour... Je voulais séduire.
Soy la muerte quien vigilia.
Con el beso prometido.
Soy la muerte sigilosa.
Con el mal en mis colmillos.
Soy la muerte que tu buscas.
Con las llamas perfumadas.
Soy la muerte quien desgarra.
El abismo de tu Alma.
Bonjour... Je voulais séduire.

Mi beso.

PD: Gracias si decides pasar por mi blog y quedarte conmigo.

Juan Herrezuelo dijo...

ABRIL: La historia es real. Para un apasionado lector de Rayuela como yo, saber que su protagonista femenina estaba basada en una mujer real fue emocionante. Ya te dije que mi Paris es el de Cortázar (y el de Gene Kelly, y el de Cary y Audrey, y el de aquella última tarde que la vieron Liz Taylor y Van Johnson y, desde hace un par de meses, el tuyo...)

MYRA: Edith Aron vive en un buen barrio de Londres, es traductora y escritora. Y sí, inspiró el personaje. Alguna de esas vivencias pasaron a Rayuela o a alguno de los cuentos de Cortázar.

MARCOS: Una gran foto, una de mis favoritas de Cortázar. El Sena y Pont des Arts, allá al fondo, son dos de los primeros "personajes" que aparecen en Rayuela. Salud.

JAVIER: Supongo que te referirás a su libro "55 Rayuelas". Yo no lo tengo, me ganaste por la mano, che. Te gustará Francisco Ortiz: estremecedores y hondos sus relatos.

EVA: Qué inquietante poema. Pasaré a visitarte, claro que sí. Un beso.

Horacio dijo...

Bella historia. Gracias por pasar por mi espacio. Creo que Rayuela es un libro emblemático para más de uno: los juegos con las palabras, el jazz, el libro sin fin y eterno si no lo leemos de manera tradicional porque siempre vuelve a empezar, lectores hembra (quizás una expresión poco feliz de Julio, pero bueno, creo que en un reportaje dijo que debería haber escrito lectores pasivos, si mal no recuerdo)y lectores de los otros, los activos.

Saludos desde Argentina, volveré por acá, seguramente. Te sigo y me permito dejarte un enlace, de aquellos tiempos en que me dediqué a estudiar "Rayuela" por varios meses, en la universidad.


http://conletrapropia.blogspot.com/2011/04/el-mundo-es-una-rayuela.html

Francisco Machuca dijo...

"Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas como me son dadas."
Julio Cortázar

Todo gran escritor refleja el mundo según lo concibe. La soledad, la incomunicación, la búsqueda, la esperanza, el desenmascaramiento de las falsas realidades, y tantas otras cuestiones que abundan en la obra de Julio Cortázar es su fidelidad a una actitud que tiende a la dilucidación de los aspectos más conflictivos de la realidad. Para Cortázar este sentimiento de extrañamiento es el método eficaz por el que llega, con implacable dureza, a desquiciar los pilares de una sociedad erigida sobre la fe absoluta en los poderes y en la irrefutabilidad de la razón en donde trata de destruir un código declarado inútil por otro en el que la sinrazón conduce a la armonía de los opuestos. Nabokov solía decir que la palabra "realidad" debía ir siempre acompañada por comillas. Así, nosotros, sus lectores, nos vamos introduciendo tranquilamente en sus historias contadas desde un realismo a veces exacerbado. Su obra habita el reino de lo fantástico contenido siempre en lo cotidiano, en lo que él llamó "la normalidad sospechosa" y sus lectores pagamos el precio del descenso a los infiernos de la noche y del alma, como uno de esos personajes en uno de sus cuentos en el que nos decía que "no todos los que bajan al metro vuelven a la superficie." "Mi realidad es una realidad en que lo fantástico y lo real se entrecruzan cotidianamente", dijo una vez Cortázar. No obstante, el autor argentino no siempre puede llegar a escribir lo que él más quiere: "Un escritor nunca llega a escribir lo que quiere escribir", porque hay siempre otras razones más poderosas que lo impulsan a concretar un sentimiento y el modo como piensa. "Yo no pienso nunca; estoy como parado en una esquina viendo pasar lo que pienso, pero no pienso lo que veo." El perseguidor. Y también podemos leer en La vuelta al día en ochenta mundos: "No puedo hacer nada, precisamente porque nada va a pasar en el nivel donde sería posible hacer algo."

Me encantan estos post,mi querido Juan.Por cierto,la imagen del barco me hizo pensar en Los premios.
Un fuerte abrazo.

Juan Herrezuelo dijo...

HORACIO: Cuentan que una vez se acercó un niño a Cortázar y le pidió un autógrafo para su papá. Mientras Cortázar le firmaba en un papel, el niño le confió: “dice mi papá que usted es Dios”. “Toma”, le dijo Cortázar entregándole el papel con su firma, “y dile a tu papá que Dios no existe”. La anécdota sirve para explicar el grado de admiración que llegó a despertar en alguno de sus lectores, y también esa condición de biblia laica que para muchos ha tenido Rayuela.
Tu espacio, Con letra propia, ha sido un maravilloso hallazgo, y no tardaré ni medio en buscar tu texto sobre Rayuela. Un saludo

FRANCISCO: Muchas gracias por tu magnífico e iluminador texto, que incide en la clave para entender a Julio Cortázar, su cuestionamiento de esa realidad inmutable que se nos exige que aceptemos, su estar en el otro lado, ser, como escribió Lorca y Cortázar cito varias veces, “el pulso herido que ronda las cosas del otro lado”, su voluntad de transmitir al lector esa sensación de extrañamiento de la que hablas, que es un concepto que comparto plenamente. “De la Argentina se alejó un escritor para quien la realidad debía culminar en un libro; en París nació un hombre para quien los libros deben culminar en la realidad”, escribió. Así, según Saúl Yurkiévich, “se apoya en la mímesis realista para provocar sutiles fallas o fisuras que dejan entrever el reverso de lo real razonable…”
Gracias de nuevo, amigo.

Francisco Machuca dijo...

Mi querido Juan, vuelvo a tu espacio para comentarte algo más personal sobre mi extraña relación con Julio Cortázar y su obra. Una vez soñé que caminaba por las calles de París. Estaba buscando una terraza.Había quedado con Julio y se me hacía tarde.De repente,llego al lugar de la cita.Era una terraza solitaria y otoñal.El suelo estaba cubierto de hojas y él estaba allí esperándome,solitario,fumando y con sus largas piernas cruzadas.Todo era muy blanco,como una estampa de principios de siglo.
-Hola Julio.Llego tarde.
Me siento en una silla y me pongo a reir.Le digo:
-Acabo de tener un sueño absurdo.He soñado que estabas muerto.
Ambos reímos.

Ayer volví a ver en DVD la famosa e impagable entrevista con el gran Joaquin Soler Serrano en el programa A fondo.Por la tarde salí a dar una vuelta por la ciudad con mi mente todavía abierta a todas las posibilidades.De repente,vi un hombre que caminaba por entre la multitud.Iba muy bien vestido y se estaba comiendo un periódico.Tal como te lo cuento.Nadie lo miraba.Recordé a Julio y me dije que él hubiera escrito un buen relato.Por la noche lo estaba escribiendo yo.Me acompañaba su relato Carta a una señorita en París.Ya sabes,en donde el personaje vomita conejitos.En mi caso,mi personaje se como los periódicos en mitad de la calle.
La vida es un sueño que nos ha tocado en un concurso que no recordamos el haber participado en él.Vamos subidos en un barco donde no divisamos jamás su proa.Cuando lees a Cortázar nuestra opinión sobre el mundo no puede seguir siendo la misma.Y él,nos visita en sueños.

Nada más,mi querido amigo.
Un fuerte abrazo.

Marisa dijo...

Interesantísima tu entrada, Juan, y excelentemente documentada.
Gracias por traernos esos retazos vitales de Cortázar que, en definitiva, forman parte también de su literatura.

Un beso.

Juan Herrezuelo dijo...

FRANCISCO: En las próximas semanas trataré de explicar aquí el porqué y la forma en que "Carta a una señorita en París" muy probablemente cambió mi vida, por lo que supuso de descubrimiento y por la tertulia literaria que nació por entonces y tomó su nombre de la primera frase de ese relato.
Como en un cuento del propio Cortázar, tu sueño con él parece más real que la visión de un hombre alimentándose de papel y tinta: eso es también realismo mágico, eso es también la vida en la que vamos embarcados, este Malcolm de áreas misteriosamente prohibidas. Espero leer algún día tu cuento.
La entrevista con Soler Serrano la veo un par de veces al año, primero fue el VHS, ahora también en DVD. Hubo un tiempo en que existían programas así.
Un abrazo muy fuerte, amigo.

Gracias por tus palabras, MARISA. La Maga se entiende de otra manera cuando sabes que no era un personaje completamente inventado. Un beso.

Francisco Machuca dijo...

No he podido evitar dedicaros a tí y a Paco un texto cortazariano,vosotros,cortazarianos y yo tan cronopio...
Un abrazo.

Francisco Ortiz dijo...

Brindo yo también, Y, por una vez, la realidad del personaje no empaña al propio personaje.