viernes, 6 de julio de 2012

Instrucciones para recordar una Escalera (Mecánica)


  Juan Manuel Cidrón (Foto: JFH)

Hubo un tiempo en que la ciudad donde vivo, Almería, se permitió a sí misma el preciso ambiente de activismo cultural como para que llegara a existir una fantasía radiofónica llamada La Escalera Mecánica. Tal vez dentro de la pequeña historia de quien esto escribe, o en la de cualquier otro que tuviera la oportunidad de colaborar en alguna de las múltiples cajas chinas que fue el mítico programa de Juan Manuel Cidrón, este recuerdo tenga mucho de felicidad arqueológica, pero para una ciudad veinte años son un instante. Hablo de veinte años porque yo sólo conozco, a ciencia cierta, la fecha en que me incorporé a la tribu de los escaleristas y la que señaló el silencio definitivo de sus micrófonos, y ambas pertenecen al ochenta y ocho del pasado siglo. La Escalera Mecánica estaba compuesta por un mosaico de pequeños espacios, o escalones deslizantes, digámoslo así, y quienes interveníamos en uno no sabíamos demasiado de aquellos que lo hacían en los otros. No sé cuánto tiempo llevaba el programa en antena cuando yo llegué, de lo que estoy seguro es de que asistí a su abrupta desaparición y de que a ésta lo habían antecedido los seis meses más enriquecedores de mi juventud.

En aquel tiempo, y a eso voy, muy oculta debía de resultar tu creatividad, si la tenías, para que a Juanma Cidrón –músico ante todo- le pasara por alto y no te reclutara; muy secreta tu causticidad o tu desvergüenza o tu ingenio como para quedar fuera de aquella hertziana república de repúblicas. En mi caso, el farolillo en la puerta fue una tertulia literaria, aún balbuceante por entonces, que habíamos creado un trío de veinteañeros atrapados en la telaraña de la literatura. Como ya conté aquí en una ocasión, a aquella fructífera reunión semanal le habíamos dado el cortazariano nombre de Calle Suipacha, y como Estación Suipacha acabó subiéndose a La Escalera Mecánica. Nuestra cita era los lunes, pero puedo jurar que el contenido del siguiente programa nos obsesionaba desde que abandonábamos la emisora hasta que volvíamos a ella siete días después. Y Juanma Cidrón, por su parte, ponía en marcha el mecanismo de su escalera radiofónica, al menos durante algunos meses, con unos párrafos de Historia de Cronopios y de famas, digamos éste, por ejemplo: "Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables”.

Desde que aquella mágica experiencia terminó, he coincidido en repetidas ocasiones con personas que me comentaban de pronto haber sido tripulantes de alguno de los programas incluidos en esa gran nave nodriza que fue La Escalera Mecánica, y siempre se produce el mismo entusiasmo repentino entre desconocidos, como de compatriotas en el exilio, la misma melancolía mal disimulada. Suele ser una mención –y un entusiasmo- fugaz: al fin y al cabo no nos recordamos. Después, raramente hablamos de ello. Sabemos que fuimos privilegiados con una experiencia irrepetible, y también que apenas fuimos desposeídos de tal oportunidad se inició en nuestra ciudad un proceso de achatamiento cultural que tal vez nada tenía que ver con la desaparición del programa, pero que en cualquier caso se valió de su inexistencia para privarle a la generación almeriense que vino después de un canal rabiosamente creativo y libérrimo.

Y es que a veces me da por pensar que la radio la inventó en realidad Lewis Carroll. No hay medio de comunicación que tenga una naturaleza tan vinculada a un posible país de las maravillas, ni nada puede haber al otro lado de un espejo que excite tanto la imaginación como ese espacio que media entre la voz de un locutor cómplice, o una canción amada, y la oscuridad de tu dormitorio. 


*La segunda fotografía corresponde al cartel de un concierto de
 Rock & Roll organizado en 1987 por La Escalera Mecánica.

11 comentarios:

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Achatado todo, Juan. Lo mires por donde lo mires. Magnífica la experiencia, tu reseña. La cultura lo es todo o no es nada, parafraseando a Breton. La belleza será convulsa o no será. Mi Córdoba iza vuelo. Creo que nunca estuvo muy al ras. Lucena, mi pueblito adoptivo, también, a su manera, por la gestión de unos cuantos luchadores. Merkel gobierna. Moody's vigila.

Laura Uve dijo...

Esas experiencias marcan... en positivo. Pero suelen tener fecha de caducidad, una pena.

El cartel es precioso.

Y muy de acuerdo con lo que dices de la radio.

Un abrazo!!

Marcos Callau dijo...

Memorias de una experiencia que no debería haber terminado, por lo que cuentas. Lo cuentas desde el cariño y se nota que disfrutaste mucho. ¿Qué haríamos nosotros sin la radio? ¿Qué harían los vigilantes nocturnos y todos los que, en general, tienen que dormir de día? Un abrazo, Juan.

Myra dijo...

Desde siempre he sentido un cariño especial por la radio de la que soy fiel seguidora. Imagino la enorme huella que habrá dejado en ti aquella bonita esperiencia. Cuánto se aprende y que enriquecedor es escuchar las opiniones de gente que tiene algo que aportar, que contar.

Mágica radio.. Un beso, Juan.

Fer G.M. dijo...

Hola Juan, antes de nada perdona, porque lo que voy a decir no tiene que ver con este último artículo, pero no sé dónde hacerlo, así que...

Bueno, buscaba información antes de escribir un artículo sobre El gran Gatsby, y vi el tuyo ( http://juanherrezuelo.blogspot.com.es/2012/03/f-scott-fitzgerald-revisitado-2-el-gran.html ).

Me ha gustado, y bueno, ahora que he acabado el mío, quería comentarte algo. No sé si leíste la versión castellana de Plaza Y Janés, para mi ha sido un ataque al original de Scott, pero hablo desde la semi-ignorancia, pues es el único ejemplar que he leído. Por eso me ha chocado ver decir que el estilo de Fitzgerald es más o menos ameno, cuando en esta edición es algo farragoso, pero ya digo, me parece que es culpa de la traducción. ¿Leíste el original? Tengo curiosidad sobre si realmente marca tanto la diferencia frente a esta edición castellana.

Por cierto, me he permitido enlazar tu artículo en el mío.

PD: Me pasaré por aquí, hay mucho que leer. De momento, tu artículo sobre Valente me ha dado a conocer un poeta que no conocía bien. Gracias! Y un saludo.

abril en paris dijo...

Un texto magnífico y con ese toque emocional que tan bien nos dejas ver atraves de las palabras. La radio es algo que me sigue a todas partes no sé porqué pero forma parte de mis mejores recuerdos, tan cercana, tan familiar.
Tengo un pequeño transitor debajo de la almohada.
La radio, dias de radio..
¡Qué suerte haber participado en ella!

Un beso Juan, y feliz verano

V dijo...

Desde luego produce una sana envidia esa experiencia radiofónica. Muy creativa. Apetece tomar ese dial y no despegarse. Lástima que nunca pude escucharlo. No me extraña esa añoranza por esas experiencias irrepetibles. O repetibles. Un abrazo.

Diana H. dijo...

La radio me acompañó en momentos inolvidables de mi vida, como mi época de estudiante en otra ciudad, donde encender la radio con el mate humeante antes de sentarme a estudiar a solas era una delicia que no perdía su magia por repetida: por el contrario, era un motivo para esperar cada mañana.
Narrás tu experiencia de forma entrañable. Es que la radio, por su misma naturaleza, nos permite sentar cómodamente a la imaginación a nuestro lado.
Un abrazo.

José Luis Martínez Clares dijo...

Efectivamente, Juan, la radio es mágica. Tal vez sea el último reducto de la palabra, el bastión en el que la memoria todavía nos regala sus consignas. Abrazos

Rosa María dijo...

Los profesionales de los medios de comunicación, somos unos enamorados de la radio y como podemos ver las cajas tontas de las TV no han podido destronarla. Me ha gustado el relato donde asientas muchas realidades.

Un saludiño.

Rosa María Milleiro
http://poemas-rosamariamilleiro.blogspot.com.es/

Francisco Machuca dijo...

Con Juan Manuel y Julio Cortázar ya tenemos instrucciones para esas escaleras;mecánicas o no.

Un fuerte abrazo,amigo.