jueves, 5 de mayo de 2011

Historia abreviada de una desdichada obra maestra: Suave es la noche










-¿Sabes?, eres un poco complicada, después de todo.
 -¡Oh, no! –se apresuró a asegurarle-. Realmente no lo soy. Sólo soy… Sólo soy una suma de muchas personas diferentes, muy sencillas todas ellas.

SUAVE ES LA NOCHE




F. Scott Fitzgerald (1896-1940)           



Hace unos meses releí, más de veinte años después de mi primera lectura, la novela Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald. Fue una experiencia totalmente distinta, para empezar porque tuve la osadía de leerla en inglés (ayudado, eso sí, por dos traducciones diferentes y un diccionario): quería oír la voz de Fitzgerald, la música de su prosa. Además, sabía mucho más de su autor y mucho más acerca de cómo se fue escribiendo esa novela, y, en definitiva, yo no era la misma persona de aquella primera vez. 

Suave es la noche es un ejemplo perfecto de esa segunda novela que hay en muchas novelas: la de las vicisitudes por las que fue atravesando para llegar a existir. Scott Fitzgerald había publicado tres novelas de éxito entre 1920 y 1925; tenía veintinueve años y se había convertido, junto con su mujer, Zelda, en un icono de su generación y de su tiempo, la llamada Era del Jazz, una era, como él mismo escribió, de milagros, de arte, de excesos y de sátira. Proyectó la que sería su cuarta novela tras acabar El gran Gatsby, publicada en 1925: sería algo “verdaderamente nuevo en forma, idea y estructura”. Pero Suave es la noche no vio la luz hasta 1934, nueve años después. Para entonces era una obra muy diferente a la imaginada en un principio, y muchas cosas habían cambiado  también en su vida y en su país: la desenfrenada década de los veinte, que había comenzado al tiempo que Zelda y Scott se casaban y asumían como propio ese feliz desenfreno, se vino abajo abruptamente muy poco antes de que ella ingresara por primera vez en una clínica mental: la fiesta había terminado.

Se ha escrito que ese retraso de nueve largos años fue motivado por la ambiciosa búsqueda de la perfección, por el éxito de Hemingway durante ese mismo período, por el exceso de alcohol y por la necesidad de costear los tratamientos psiquiátricos de Zelda con el dinero que obtenía de la venta de sus relatos. Tuvo varios títulos iniciales (Our Type en 1925, The World`s Fair al año siguiente) y una idea generadora: el matricidio. El protagonista, Francis Melarky, un técnico de Hollywood que parece inspirado en la figura de Edgar Allan Poe, mata a su dominante madre enfurecido por sus ofensas. No obstante, cuando a finales de 1925 se publica con enorme éxito Una tragedia americana, de Theodor Dreiser, cuyo argumento descansa también sobre un crimen, Scott detecta ciertas similitudes con su historia y se desanima. En una carta le había indicado a su editor que la novela trataba, por un lado, de “un asesinato intelectual a la manera de Leopold y Loeb”, pero también “sobre Zelda y yo y la histeria en París en mayo y junio pasado”. Durante esos meses a los que se refiere, los Fitzgerald frecuentaron en el sur de Francia la casa de los adinerados y elegantes Gerald y Sarah Murphy, quienes sirvieron de modelo para un primer bosquejo de los personajes Seth y Dinah Piper. A Melarky le fascina la personalidad de Seth, hasta el punto de que poco a poco le cede todo el protagonismo y él pasa a ser en los siguientes borradores un mero observador. Baraja otros títulos (The Drunkard´s Holiday y Doctor Diver´s Holiday: A Romance) e introduce el tema de la locura aprovechando los conocimientos que adquiere en su trato con los médicos de Zelda.

Cuántas veces he tratado de imaginar la tortura de Fitzgerald ante su incapacidad para acabar esta novela: esta dilación, la bebida y la enfermedad de Zelda estaban fraguando su ruina y él no podía saberlo. En 1932 se decide por el titulo final, Tender is the Nigth; Seth y Dinah Piper son ya protagonistas absolutos con los nombres de Richard y Nicole Diver, y el tema del matricidio es abandonado definitivamente: en su lugar, la novela pasa a ser una exploración del “problema insoluble del encanto personal”, es decir, de la capacidad de seducción, y de cómo la necesidad obsesiva de complacer a los demás conduce a la perdición: Dick Diver, un psiquiatra idealista y de brillante porvenir, se casa con una joven y rica paciente suya, y en el curso de la nueva vida que inician juntos va transfiriendo su energía y su integridad no sólo a Nicole sino a todos cuantos se acercan a él fascinados por sus cualidades, de tal modo que pierde progresivamente su magia y acaba convertido en un hombre vacío: esto es, en esencia, Suave es la noche.

Cuando por fin se publicó, fueron pocos los lectores norteamericanos que, en plena depresión económica, se sintieron interesados por los problemas que pudieran tener unos compatriotas suyos en la Riviera francesa. Este relativo fracaso es la causa de que tan extraordinaria obra literaria siguiera experimentado cambios incluso más allá de la muerte de su autor, ocurrida prematuramente en 1940, pues a comienzos de los cincuenta apareció una versión que respetaba, según dijo el editor, los cambios de estructura que se habría planteado el propio Fitzgerald tras la primera y decepcionante edición.  En España existen las dos versiones, yo las tengo: una en la editorial Argos Vergara y otra en Alfaguara. Su autor me acompaña desde hace años como un camarada muy próximo, la luz verde al otro lado de la bahía.



El 27 de septiembre de 1996, con motivo del centenario de su nacimiento, el Servicio Postal de los Estados Unidos emitió un sello conmemorativo. Mi hermana, que vive en Jacksonville, Florida, (apenas a cinco horas por carretera de Montgomery, Alabama, ciudad donde nació Zelda y donde existe un museo dedicado a la memoria de ambos), me consiguió este juego de cuatro sellos, una de mis más preciadas posesiones.

El retrato de F. Scott Fitzgerald que encabeza este texto es obra de Escolástico Fernández, mi padre.

13 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Buenas tardes Juan. Es muy buen retrato, desde una perspectiva nada fácil. Leeré "Suave es la noche" porque se me ha abierto el apetito gracias a tus palabras. Como siempre, Fitrzgerald demostró que del dolor pueden salir obras maestras. Abrazos.

Francisco Machuca dijo...

Magistral,amigo.Fitzgerald;máximo cronista del boon de la posguerra y la época del jazz en Estados Unidos.Se inspiró en su propia vida para descubrir la fiesta lujosa e interminable,alimentada por el alcohol, de los años anteriores de la Depresión.Suave es la noche,creo,es la obra más autobiográfica de Fitzgerald,inspirada en sus propias experiencias al vivir con los expatriados establecidos en el sur de Francia.Los Diver se basan en Gerald y Sara Murphy,una glamosora pareja estadounidense que conocían él y su esposa Zelda.La novela también recoge el mismo tipo de tratamientos psicológicos que la esquizofrénica Zelda recibió en Suiza.El alto precio de tratamiento hizo que Fitzgerald dejara de escribir novelas,para dedicarse a escribir guiones para Hollywood (Gerald nunca fue un buen guionista),y se diera a la bebida, que lo llevaría a una muerte temprana.A diferencia de la novela,la vida real no tiene un final feliz;al revés que Nicole,Zelda nunca se recuperó y permaneció hasta su muerte en 1948.
Has escrito un post muy bello.

abril en paris dijo...

No solo una segunda novela y tercera o cuarta. Ese "regreso" es una de las experiencias más interesantes y sorprendentes que puedes revivir con la lectura o el visionado de una historia o pelicula porque el que cambia es el lector-expectador..además de la novela.
Es un gusto saber que es algo que compartimos en cierta manera teniendo en cuenta que tú lo dices con esa facilidad maravillosa, porque las palabras son más "amigas tuyas" que mias..

¡Muy buen retrato y supongo que para ti tiene algo más que el valor material o artístico !
Te felicito por esas posesiones tuyas y por dejarnos verlas..

P.D. ¿ No existe una versión o adaptación cinematografica de Suave es la noche..?

Un abrazo.:-)

Juan Herrezuelo dijo...

MARCOS: Te aseguro que te gustará, porque Fitzgerald es quizá el novelista más lírico de su generación, la Generación Perdida. No he conocido otro caso en el que conocer una biografía fuera tan útil para comprender en toda su dimensión la obra de un escritor, tanto que llegó a reivindicar ardorosamente ante su mujer, cuando ésta pretendió escribir una novela sobre la locura, el hecho de que las vidas de ambos eran su material de trabajo.

Juan Herrezuelo dijo...

FRANCISCO: Advierto una admiración por el bueno de Fitzgerald que me hace sentir más próximo aún de ti. La primera novela que leí de él fue “Hermosos y malditos” (que tal vez vaya a ser llevada al cine en breve, o así se rumoreó, con Keira Knightley) y siento una admiración especial por esa obra, de la que no hay en España una buena edición. Es cierto que no fue un buen guionista, de hecho su nombre sólo sale en los títulos de crédito de una película, “Tres camaradas”, y llegó a trabajar en el de “Lo que el viento se llevó”.

Juan Herrezuelo dijo...

ABRIL: Ese retrato forma parte de una pequeña galería de escritores que me hizo mi padre hace más de diez años, y sí que le tengo un enorme cariño. De “Suave es la noche” hay una versión protagonizada por Jason Robards y Jennifer Jones, muy fiel a la novela, que no está mal pero tampoco conmueve demasiado, quizá en mi caso porque amo tanto el texto. En los ochenta creo que se hizo una miniserie en la que salía Peter Strauss. Ahora bien, la película que te recomiendo muy vivamente es “Días sin vida”, de Henry King, maravillosa, que retrata los últimos años en la vida Scott (excelente Gregory Peck), en Hollywood, y en la que Deborah Kerr interpreta a Sheilah Graham, la mujer con la que mantuvo una relación en esa época y que escribió el libro en que se basa el film, "Beloved infidel".

abril en paris dijo...

¡ Muchas gracias Juan ! Me las apunto.Claro está que la lectura del libro parece obligada..:-D

Un besito :-)

Marisa dijo...

Tienes razón: la segunda lectura de un mismo libro en una época diferente genera otra reescritura diferente de la misma obra. Es la magia de la Literatura.
No he leído este libro, pero tu análisis, percepción e interpretación me ha sido un rato aperitivo que, sin duda, buscará la suculenta obra.
Gracias, Juan.

Un beso.

Juan Herrezuelo dijo...

MARISA: Yo me hice lector y relector casi al mismo tiempo, porque recuerdo que a los diez años empecé a leer de nuevo "La isla de Tesoro" y "Miguel Strogoff" nada más terminarlos. Luego están las relecturas que haces pasado el tiempo, incluso mucho tiempo. La nostalgia por un libro es la nostalgia por aquel que fuiste leyendo ese libro, regresar a ellos es regresar a un espacio mental. Un beso.

Myra dijo...

Hola, Juan. Cuando era jovencita fui una relectora compulsiva. Hoy en día lo soy pero en muy pocas ocasiones. "Carta de una desconocida" y " Una pena en observación" son mis libros de cabecera. Esos a los que, de vez encuando, necesitas volver para encontrar la calma en los "dias rojos".

No he leído Suave es la noche, creo que la peli sí la vi pero debe ser hace mucho tiempo porque no la recuerdo. Sí leí hace mucho El Gran Gatsby y también vi la película.

Una entrada muy didáctica a la vez que amena. Se nota que tu mundo es el de las palabras.

Un saludo

Juan Herrezuelo dijo...

MYRA: De Zweig me traje a mi cabecera hace poco más de un año un libro excelente: "Momentos estelares de la humanidad". Soy de los que la "Carta de una desconocida" la "leí" en cine: ¡qué película, ¿verdad?!
Un abrazo.

Myra dijo...

La película de Carta de una desconocida la he visto muchas veces, es maravillosa. Para mí uno de los blanco y negros más bonitos del cine. Se me olvidó comentar que me encanta la versión del cuento de Fitzgerald, El curioso caso de Benjamin Button, que se llevó al cine.

Me apunto tu recomendación sobre ese libro de Zweig.

Otro saludo.

Francisco Ortiz dijo...

Texto nostálgico -lo mejor de ti proviene de la nostalgia-, familiar y tan bien escrito que resulta casi para recitar.