martes, 10 de mayo de 2011

Eterno presente azul


Las costas del sur de Europa y las del norte de África son los labios de esa gran boca abierta que es el Mediterráneo. La semana pasada, una vez más, este viejo mar volvió a tragarse un puñado de vidas humanas. Es, como decía Víctor Manuel en aquella estremecedora  canción titulada En la planta catorce, “la tragedia repetida”: mineros o inmigrantes, asiduos son a la tragedia. Un naufragio a veintitrés millas náuticas de Almería, veintidós seres humanos engullidos. Hombres y mujeres que fueron una vez niños, niños que no llegarán nunca a ser hombres ni mujeres.

Rescato hoy un texto con el que en 2002 participé en un proyecto artístico organizado por el Instituto de Estudios Almerienses en colaboración con MECA Mediterráneo Centro Artístico, en el que, bajo el nombre A2 Mediterráneo Arte y Literatura, se trataba de conjugar en una exposición dos modos distintos de sentir el Mediterráneo: desde una visión plástica y desde otra literaria.

 
 
En sus aguas nacieron los mitos y agoniza la Historia. Sucede así que no sé dialogar con este mar, su reposada majestad me acalla por fuera y me hunde hasta la secreta raíz de una nostalgia que aun estando en mí no me pertenece: es más antigua que mi pasado o el pasado de mi estirpe o incluso el remoto pasado de mi especie. Acaso uno no se sienta más pequeño frente al Mediterráneo que frente a cualquier otro mar, pero se sabe más efímero.

Su solemnidad me silenció desde el primer día, quizá porque mi niñez había jugado hasta entonces a la orilla de un río, allí desde donde las aguas no se ven llegar sino transcurrir, y ocasionalmente también junto a un mar siempre embravecido y bramante que a horas señaladas invade la playa con gran aparato de espuma y trueno y a horas señaladas repliega su orilla. Ahora las olas venían a murmurar quedamente al oído de la arena, tal vez porque cualquiera de ellas conoce el secreto de un ánfora etrusca, o le robó al Egeo parte de las dispersas plumas de Ícaro, o ha lamido la herrumbre de una espada romana, o deshizo la penúltima ceniza de la biblioteca de Alejandría, o ha escuchado los naufragados lamentos de toda una tripulación de galeotes, o sabe exactamente dónde flotan los huesos de la mano de Cervantes, o tembló en la garganta de Serrat, o anoche mismo fue hendida sigilosamente por la vulnerable quilla de una patera: cada ola mediterránea es un dedo sobre los labios, es complicidad enredándose en los tobillos, resbalando hacia otra ola que arriba pidiendo silencio. No saben los mares de mansedumbre ni de pereza, son formas de jugar a las metáforas: simplemente los hay que contienden con las costas y está este otro que las dibuja a su alrededor con un liviano festón de espumas. En los días o noches sin viento, de cerca y con los ojos cerrados, es un vaivén que se vuelve hipnótico rumor en la sangre y efervescencia en las sienes. Hay otros días y otras noches, hay furias y plomizas ondulaciones erizadas por la lluvia y retumbos contra las escolleras: al fin y al cabo no es mar sólo por lo extenso o lo azul; pero apenas se aleja la tormenta vuelve el Mediterráneo a detener el tiempo, a pactar con la luna una aparente quietud, a desmentir rotaciones y corrientes.

Por todo eso callo, supongo, y porque frente a su condición perdurable me ahoga la certeza de que toda ciudad a la que yo pudiera pertenecer es en sí misma la prefiguración de los restos arqueológicos en que acabará convirtiéndose: cómo hablarle a quien seguirá meciéndose en un eterno presente azul.

Carmen Sicre. Sin título.
Técnica mixta pan de oro y grafito. 60x60 cm. 



Fotografía: JFH

14 comentarios:

Marcos Callau dijo...

A los que hemos nacido lejos del mar y tan solo lo hemos visto un par de veces en tioda nuestra vida, nos sobrecoge la fuerza del mar, esa fuerza que recoges con tus palabras Juan. Enhorabuena por tu texo. Un abrazo.

Miguel Cobo dijo...

Bello texto. Profundo como el mar y, al tiempo, sutil, ligero como las nubes.
Y el prólogo, un aldabonazo imprescindible y solidario a nuestras conciencias adormecidas.

Alcemos nuestra voz cuantas veces sea necesario:

El miedo suena a mar. La noche,
vestida de intemperie y desamparo,
envuelve el balanceo del cayuco.
El silencio se espesa en la negrura,
mientras los cuerpos tiemblan.
¿Dónde la estrella que mitigue el frío?
¿Hacia qué playa navega la esperanza?
Habrá un amanecer en la escollera.
Cuatro cuerpos, tal vez, a la deriva.
Veinte más, en la playa, tiritando.
Cuatro minutos del telediario.


Un saludo

Marisa dijo...

El "Mare Nostrum" es una titánica hemeróteca de restos arqueológicos de historia clásica, de literatura eterna, de suaves notas musicales, de olas sabedoras de secretos y de mareas altas que traen a sus orillas la ira del mismo Poseidón, pero también recoge en sus aguas los restos de plumas de "Ícaros" que creyeron y lucharon en el sueño de volar.

Excelente texto, Juan, el eco de tus palabras llega a esa orilla.

Un abrazo.

Clarice Baricco dijo...

Qué emotivo texto.
Me trajiste mi mar.
Abrazos.
G

Francisco Machuca dijo...

Decía mi admirado Josep Pla que sólo se reconocía a un gran escritor cuando escribía sobre el mar.Tu bello texto lo demuestra de sobras.Ay,mi Mediterráneo; es perezoso, sabio e irónico que juega con los hombres entre sus olas de Homero.
Un abrazo,amigo.

Beatriz dijo...

Impopsible no detenerme a leerte.
Este mar nos une-
Abrazos-

Juan Herrezuelo dijo...

MARCOS: También yo nací lejos del mar, y ahora me gusta de vez en cuando llamar a mis padres, que siguen en la meseta castellana, y acercarles el rumor de las olas apoyando el móvil en la arena.

MIGUEL: Preciso y precioso poema: qué difícil para nosotros imaginar ese desamparo de los que cruzan el mar de noche, hacinados en una pequeña embarcación, qué sensación de extravío absoluto, qué retorno al inicio de los tiempos contemplar la bastedad del cielo estrellado, qué miedo.

MARISA: Afortunadamente, hombres y mujeres extrajimos del fracaso de Ícaro la lección de seguir intentándolo, no de renunciar a hacerlo. Te transcribo un poema de J. Á. Valente, titulado Ícaro:

"Sobre la horizontal del laberinto
trazaste el eje de la altura
y la profundidad.
Caer fue solo
la ascensión a lo hondo."


GRACIELA: Consigues con tus palabras que imagine unos ojos cerrados, evocativos, unos ojos todo oídos y recuerdo y espuma deshaciéndose en la orilla.

FRANCISCO: Gracias por tus palabras y por la cita de Pla, de cuya sencillez humana deberíamos aprender todos, una sencillez perfectamente compatible con su condición de escritor completo y sabio (como, efectivamente, lo es el Mediterráneo)

BEATRIZ: Gracias por detenerte, idea que me remite a atención y afecto. Con el sonido del mar al fondo te siento, os siento a todos, a mi lado, hipnotizados todos ante la inmensidad azul que nos empequeñece.

Gracias a todos y un abrazo. Navegantes somos.

abril en paris dijo...

Desde la meseta siempre vivimos con esa añoranza del el último "hervor" dorado de la luz sobre sus aguas...queriendo atrapar el color y el vuelo de las gaviotas.
¡ Gracias por éste olor a salitre que recuerdo y me impregna al leer tu texto !

Un beso :-)

Juan Herrezuelo dijo...

ABRIL: Pocas cosas tan mágicas como ver hundirse el sol en el mar, allá en el horizonte, sobre todo si al mismo tiempo, exactamente al mismo tiempo, en el lado opuesto, de entre las montañas va saliendo la luna llena: yo tuve ocasión de vivirlo el 20 de julio de 2008, en Las Salinas de Cabo de Gata. Cosas que no se olvidan. Un beso.

Myra dijo...

Hola, Juan. Me ha emocionado cómo hablas de mi Mediterráneo. Esos labios y esas olas como dedos..qué bonito. Me gustaría poder retener en mi memoria cada frase.
Siempre me quedará Serrat y tu precioso texto.

Un saludo de admiración

Luzdeana (Diana H.) dijo...

Juan, veo que ha desaparecido mi comentario. Sé que hubo un problema con Blogger. Quería agradecerte por ese mar Mediterráneo que siento en la piel al leer tu texto.
El mar, que visito una vez al año porque me queda lejos, pero que llena de sentido mis veranos.
Un beso.

Juan Herrezuelo dijo...

Superada la locura del viernes (¿13?), me ha alegrado mucho contar con vuestros comentarios. Siempre es gratificante saber que has provocado alguna emoción con tus palabras: vosotras lo habésis hecho con las vuestras. Un saludo muy afectuoso.

Francisco Ortiz dijo...

Mucha poesía, muchos sentidos (¿más de cinco?) en este texto tuyo que acaso sea el más poético que he leído de entre los que te pertenecen, el que muestra otros caminos en tus letras que quizá están por llegar aún...

Juan Herrezuelo dijo...

PACO: Es un apunte al natural, desde el coche, donde he leído tanto, algo he escrito y tantísmo he pensado, y frente al mismo mar.